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viernes, 4 de noviembre de 2016

MELONERAS, BAHÍA, BARRANCO, LOMO Y PLAYA DE LAS (SAN BARTOLOMÉ DE TIRAJANA)

La relativa dispersión de los distintos topónimos secundarios derivados, todos enmarcados al poniente por el Barranco del Hornillo y al naciente la Punta de Mujeres, y entre el Barranco de la Tabaquera y la costa, nos hacen presuponer que el originario y principal identificaba todo este territorio que se proyectaba sobre la totalidad de la bahía recibiendo igual nombre.
 
Vista de la playa (chomanuel-com)
Llama la atención que se mantenga vivo un topónimo antiguo, al menos de la primera mitad del siglo XVIII, fito-topónimo que tiene su origen en los terrenos cultivados para melones (Cucumis melo), entendiéndose al especificado y no al conocido como “melón de agua”, el bubango para Tenerife y La Palma, el boango de Gran Canaria recogido por Pancho Guerra (GUERRA, 1977, p. 63), como aquí llamaban al calabacín (Cucurbita pepo), más delicado en las características de las tierras de cultivos y sensible a las altas y bajas temperaturas. No es muy exigente en altas temperaturas, menos que el melón, pepino y sandía; pero de mayor rusticidad que éstos cultivos. En Telde sí localizamos también el topónimo Lomo de los Melones, entre los barrios de La Garita y Marpequeña.

Concretando que el topónimo se deba al auténtico melón, y a su cultivo en la zona, el que alcance notoriedad en los primeros siglos de la historia de la isla no deja de sorprender, como antes decíamos. Es habitual en la toponimia la existencia de fito-topónimos, abundantes los que guardan relación con plantas herbáceas por ser dominantes en su territorio, pero muy pocos aquellos que lo puedan ser de alguna manera motivados por sus frutos como puede ser el caso.
 
Cultivo melones (agromatica-es)
El catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna, Antonio Tejera Gaspar, emitió informe con fecha 26 de junio de 2013, para sustanciar la declaración como Bien de Interés Cultural de “La Franja de Terreno del Oasis de Maspalomas” (Decreto 90/2014, de 1 de agosto, Gobierno de Canarias), que fue así recogido en la norma: 

«que reafirma la tesis favorable a la presencia de Colón en el Oasis, a partir de la narración de su hijo, Hernando Colón. Resalta las buenas condiciones de Maspalomas como lugar de fondeo, que el agua embarcada por las carabelas procedería de una gran charca y de una especie de laguna formada por un cordón litoral de arenas en la desembocadura y que su ligera salobridad la convertía en muy apropiada para el viaje. Prosigue el Sr. Tejera Gaspar que la expedición se abasteció también de leña y carne en aquel paraje y refiere la inserción del lugar en el mapa de Leonardo Torriani, de finales del siglo XVI, en el que figura una corriente de agua continua y una zona arbolada junto a la desembocadura».

Cabe la posibilidad de que Cristóbal Colón conociera ya de Maspalomas en su primer viaje al encontrarse en la derrota hacia poniente en dirección a La Gomera, si bien la narración de Hernando Colón es referida al cuarto viaje del Almirante, cuando en el diario del 24 de mayo de 1502, refiere:

«El 24 pasamos a Maspalomas, que está en la misma isla, para tomar el agua y la leña que eran necesarias en el viaje. De aquí partimos la noche siguiente hacia la India con próspero viaje …» (COLÓN, H. (1892). Historia del almirante Don Cristóbal Colón. Madrid: Ed. Imp. Tomas Minuesa, cap. LXXXVIII). 

Si bien distintas fuentes consideran el último y mayor abastecimiento de las naves de Cristóbal Colón lo fue en La Gomera, fundamentadas en lo recogido en las crónicas de Fray Bartolomé de las Casas, tituladas Historia de las Indias, llama la atención el conocimiento de la derrota con buenos fondos de la Playa de Melonera.

Expresamente citada por el poco conocido ingeniero Antonio Riviere que a partir de 1740 permaneció en las islas tres años, dirigiendo la Comisión de Ingenieros nombrada por Felipe V para reconocer el territorio insular y que elaboró el informe titulado Descripción Geográfica de las Islas Canarias (TOUS MELIÁ, 1997, p. 9), y como arriba se ha dicho esté documentado el paso de Colón por las playas de Maspalomas, concretamente la Charca de Maspalomas, puede haber una remota posibilidad que las semillas de melones que se llevaron a América pudieran ser recogidas en los lomos próximos a esta playa, lo que avalaría su notoriedad en aquellos tiempos.

Semillas de melones
En concreto la cita la hace después de mencionar la Punta de Maspalomas y antes de Ganeguín, y dice textualmente: «Y de esta punta a la playa de Melonera, abrá medio quarto de legua, tiene buen fondo», suscribiéndolo en la relación que encabeza diciendo así «Puertos, playas y caletas que son alrededor de la isla son los siguientes:» y suscribiendo al final «En Canaria 26 de junio de 1741. Don Antonio Riviere» (IBÍDEM, p. 146).

«¡Con qué satisfacción comunica Colón a los reyes el resultado de sus primeras plantaciones! "Somos bien ciertos -les dice-, como la obra lo muestra, que en esta tierra así el trigo como el vino nacerá muy bien; pero hase de esperar el fruto, el cual si tal será como muestra la presteza del nacer del trigo, y de algunos poquitos de sarmientos que se pusieron, es cierto que non fará mengua el Andalucía ni Secilia aquí, ni las cañas de azúcar, según unas poquitas que se pusieron han prendido"» (PÉREZ VIDAL, 1955, p. 95).
El párrafo anterior obedece a la cita que hace el autor de fray Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, lib. 1, cap. LXXXIII, en su nota 5 referente a los productos comprados por Cristóbal Colón en Canarias:

«… metieron gallinas también y ésta fué la simiente de donde todo lo que hoy hay acá de las cosas de Castilla ha salido, lo mismo de las pepitas y simientes de naranjas, limones, cidras, melones y de toda hortaliza …».
Otras fuentes bibliográficas recogen expresamente la recogida de semillas de melones con destino al nuevo continente en los viajes de su descubrimiento, si bien no las menciona como simientes para plantar, pues pudieran obtenerse después de su consumo a bordo durante la travesía.

«Estos años marcarán al insular con una decidida vocación de partir a Indias -antes- o América -después-, en un continuo éxodo que aún perdura. Las naves cargaban sobre todo agua y leña -el pan y la sal de flotas y armadas- también frutas: limones (tan necesarios para evitar el escorbuto), cidras, membrillos, granadas, peras, melones, higos secos» (BORGES, 1972, p. 224).
Cartoteca de 1970 (IDE Gran Canaria)
En cuanto a la calidad de los melones de Gran Canaria, tenemos la aportación que nos hace el mayor investigador canario siglos atrás, coetáneo del ingeniero Antonio Riviere:

«MELÓN (Cucumis Meló, Lin.). Planta conocida qué se cultiva en nuestras huertas, cuyos tallos son largos, sarmentosos, redondos, ásperos, huecos, tendidos por el suelo, vestidos de hojas recortadas en puntas romas, suaves al tacto, más pequeñas que las de las calabazas y los pepinos. […] Me parece que los melones de Canaria son los mejores de nuestras islas, entre los cuales se dan algunos de quince libras; bien que Núñez de la Peña (cap. 3. p. 16.) asegura haber visto en Tenerife un melón de veinte y cinco libras y algunas orzas, cogido en la huerta llamada de “Juan Fernández”, en Tacoronte. Es fruto de estío refrigerante e indigesto. Sus pepitas son de las cuatro simientes frías mayores y se emplean en emulsiones saludables. » (VIERA Y CLAVIJO, 1866, Tomo II, p. 111).
Es importante además considerar los días que permaneció la carabela Pinta fondeada y varada en Maspalomas, pues precisó realizar reparaciones y aguadas antes de partir, jornadas durante las que parte de la tripulación tendría tiempo para arribar a tierra firme.

«Prosiguiendo, pues, su viaje á las Canarias, lunes á 6 de Agosto, desencasóse ó saltó de sus hebillas el gobernario á la carabela “Pinta”, donde iba Martin Alonso Pinzon, y según se sospechó, por industria de unos marineros, Gomez Rascon y Cristóbal Quintero, cuya era la carabela, porque les pesase ir á aquel viaje e iban contra su voluntad; y dice Cristóbal Colon, que ántes que partiesen había tomado en ciertas grisquetas ó reveses á los dichos Gomez Rascon y Cristóbal Quintero. Vídose aquí en gran turbación, por no poder socorrer á la dicha carabela “Pinta” sin su propio peligro, pero que perdia alguna de la mucha pena que tenia, por cognoscer que Martin Alonso era persona esforzada y de buen ingenio. Remediaron como pudieron el gobernario, y después le tornó á faltar;
 
Recreación de la carabela "Pinta" (Museo de la Pinta - Baiona)
llevaron en obra de siete días á vista de Gran Canaria, en la costa de la cual mandó quedar la carabela “Pinta”, porque hacia mucha agua, y por esto tuvo gran necesidad de ponerla á monte en Canaria. El Cristóbal Colon con la otra carabela fué á la Gomera, y, después de muchos rodeos y trabajos, tornó á Canaria al puerto de Gaudo, que es bueno, para adobarla, donde de dia y de noche, con gran solicitud é inestimables trabajos, la remedió, y tornóse con ella á la Gomera en 2 de Setiembre. Dice aquí Cristóbal Colon, que una noche de aquellas  que andaba cerca de Tenerife, salió tanto fuego del pico de la sierra, que, como arriba se dijo, es una de las altas que se saben en el mundo, que fue cosa de gran maravilla. No dejaba la gente con todos estos trabajos é inconvenientes que se les ofrecían de murmurar y desganarse del viaje y comenzar á tener mayores dificultades» (CASAS, 1875, p. 264).

En la transcripción del relato de Fray Bartolomé de las Casas, habrán de contemplarse las precisiones realizadas por el historiador y bibliógrafo Hernando de Colón, hijo del almirante, antes reproducidas del profesor Tejera Gaspar.  

En la hipótesis de situarnos en el siglo XV, podría suponerse que en la reparación y aguada que realizara la carabela Pinta de Colón en las playas de Maspalomas, sus tripulantes al arribar a tierra estarían localizados en el entorno de la Charca y observaban un territorio que en aquellos tiempos debería describir a su frente el fuerte caudal del Barranco de Fataga, que después de recibir las aguas de su tributario el Barranco de la Tabaquera, procedente del poniente, alimentaban el llamado por algunos cartógrafos Charco Azul, expresión que define con seguridad el mayor tamaño que pudiera tener la actual Charca venida a menos y que inundaba incluyendo en su perímetro los Charcos de las Lapas.

Mirando al naciente encuentran un impresionante y grandioso campo de dunas que cubre incluso la terraza alta de la actual Playa del Inglés, donde no divisarían rastro humano alguno, y todo expuesto a los vientos cambiantes del otoño (Sur-sureste y Este-noreste) que dan vida a las dunas, poco favorables para el tránsito.

Panorámica retrospectiva de 1965 (Rudolf Ackermann - Fedac)
Y hacia poniente, la franja de lomas entre la ribera de costa y el cauce del Barranco de la Tabaquera, donde pudieron detectar según avanzaban las primeras huellas humanas en distintos asentamiento aborígenes: unos túmulos junto al mar construidos con grandes cantos de playa formando tres gradas concéntricas y semicirculares en Punta Mujeres, que ya ha sido tratado en este blog; un poblado de casas canarias y paredones en El Pedrazo; cinco estructuras de piedra seca  y otras derruidas en El Pocillo Real, cerca de donde desagua el Barranco de las Meloneras; y una cueva natural semicircular de 4x3 m. en la banda izquierda del Barranco del Hornillo (CUENCA SANABRIA, GIL VEGA et BETANCOR RODRÍGUEZ, 1997).

Se trataba de un pequeño asentamiento próximo al barranco, del que obtenían el agua que por esas tarjeas o acequias de canarios, construidas de piedra y argamasa de barro pisoteado, llevaban a sus pequeños cultivos, para con sus pequeñas cosechas sobrevivir a la conquista de la isla, viéndose obligados a incorporarse a la cultura, costumbres y lengua de los arribados, de los que posiblemente obtuvieron unas desconocidas “pipas” que allí plantaron de las que nacieron unas hermosas meloneras, cuya fruta en el verano aportaba un agua dulce y refrescante que les ayudaba a recuperar las fuerzas para el pastoreo.

En un imaginado escenario así descrito, habrá que suponer que nuestros expedicionarios descubridores de América, que ya conocían de las propiedades energéticas de la fruta, no dudarían y harían algún trueque para llevarse sus buenos melones para la travesía. A ello pueda deberse el origen de este topónimo de Las Meloneras, para que de alguna forma fuera conocido y para que en tiempos del monarca Felipe V el ingeniero Antonio Riviere la incluyera en la nómina de buenas bahías de fondeo.

Cartoteca de 1977 (IDE Gran Canaria)
Si así fuera, pudiera ser uno de los motivos para que dejara de sorprendernos en los tiempos actuales que un lugar pudiera conocerse por el cultivo de melones, pero ya en aquellos primeros tiempos de la conquista se cultivaba en la isla y en zonas próximas a la costa, en el norte de la isla con un clima menos apropiado por la humedad de los alisios para este cucumis, aunque la referencia sea unos años más tardía.

«Melones.- 8-VII-1532. Conveniencia, Alvaro de Segura, mercader estante, con Francisco Pérez, portugués, para la siembra y cura de cebada y melones en un trozo de tierra situado en el Bañadero. Las pepitas de melón han de ponerlas de por medio, así como los gastos de guardar y coger los dichos melones, para luego partir los frutos también por mitades 748-146 v.º» (CAMACHO PÉREZ GALDÓS, 1966, p. 252 n. 89).
En los siglos siguientes, en el lugar como otros tantos de las zonas bajas de las Tirajanas, mientras arriba los castañeros y los acebuches era lo más destacable, en la zona baja se cultivó cebada y centeno, preferentemente y en menor medida el millo, muy demandados durante los siglos de desabastecimiento por el acoso al tráfico marítimo hacia las islas por los corsos que navegaban bajo banderas de los tronos europeos en disputa con el reino de España.
 
El Faro en primer plano y Las Meloneras al fondo en 1965 (Detalle fotográfico col. Juan Agustín Franco)

No hemos encontrado documentación que acredite que, en la primera época del tabaco en el primer cuarto del siglo XVIII, se cultivara en esta zona. Ya iniciado el siglo XIX, a partir del liberalismo emergente con las Costes de Cádiz, el ejercicio del poder económico-político de los nuevos y viejos burgueses demandó para las islas una política arancelaria que facilitara la comercialización de productos canarios, e inclusive la de otros importados de Indias, América, con la consideración de puertos francos (1852), y así incentivar la exportación de la cochinilla primero y después el tabaco, y siempre auspiciados por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que de alguna forma impulsaba la constitución de compañías que intermediaran en la exportación. En este escenario siempre estuvieron presentes las muchas familias con vínculos de sangre con el Condado de la Vega Grande, propietario de la mayor superficie de suelos cultivables en la isla, y especialmente concentrados en estas tierras tirajaneras. La Desamortización de Madoz le había supuesto un incremento importante de terrenos al Condado de la Vega Grande, al adquirir Fernando del Castillo 7.728,42 hectáreas, a través de las subastas de 1873 y 1874; añadidas a las que ya poseía, sumaban más de 12.000 hectáreas.

Al tratarse este lugar de Las Meloneras de suelos areniscos, a semejanza de un jable, tuvo lugar primero la recolección de la cochinilla y posteriormente el cultivo del tabaco, alternativas que coincidieron y se alternaron en el tiempo, que se mantendrían mientras los aranceles las hicieran rentables, y también mientras no se inventaran las anilinas la primera, y en el caso del tabaco, mientras los intereses de los grandes competidores que lo elaboraban ejercieron de “lobby” sobre los estados receptores para modificar los aranceles de entrada. Habría que situar estos cultivos entre 1830 y 1880.

Algunas referencias de los intereses habidos las tenemos documentadas:

Sesión de 5 de Enero de 1862 […] Habiéndose tratado del cultivo y elaboración del tabaco en esta isla, después de una detenida discusion sobre este importante asunto, se acordó, á propuesta del Sr.  Castillo Westerling, que por conducto del Sr. Subgobernador de este Distrito se remitiesen á la Fábrica Nacional de Sevilla unas muestras del tabaco que habia salido del secadero de D. Juan Deniz, para con este dato á la vista resolver lo que parezca mas conveniente (SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, Boletín núm. 4).

Nicotiana tabacumenda (floradecanarias-com)
«En noviembre de 1877, surgirá una asociación con el objetivo de velar por los intereses, entonces complementarios, de la agricultura y la industria, con el nombre de “Liga de agricultores y fabricantes de tabaco”. A ella perteneció, por ejemplo, Agustín Bravo de Laguna, que la presidió. Este gran propietario, participó en la venta a modo de ensayo de 1875, dentro del grupo de cosecheros que entregaron sus tabacos a la sociedad “El Porvenir Agrícola”, pero no se encuentra en la relación de vendedores de 1877. Igualmente estuvo al frente de dicha organización Juan de León y Castillo, uno de los cultivadores más activos de Gran Canaria, hermano del todo poderoso político Fernando de León y Castillo. También fue consejero de la misma otro propietario, Diego del Castillo Westerling, que ocupó cargos políticos y empresariales. Estos dos últimos, sin embargo, tampoco figuran en las relaciones de vendedores de 1875/1877» (LUXÁN MELÉNDEZ, 2006, p. 308).

Incluso el periódico local de aquella época dio a conocer una sensacional noticia:

«El Sr. Manrique, americano, ex-diputado  del Congreso de Colombia y propietario  en Riandos, aconseja destinar al cultivo del  tabaco los terrenos areniscos, los cuales,  dice, que tienen una cierta analojía con los  más buscados en América para el cultivo  de dicha planta. Propone la introducción de él en esos terrenos pobres para aumentar su  fertilidad y fomentar su roturación y aprovechamiento»  (EL PAÍS, 5-may-1865).

Pero la mejor señal del cultivo la encontramos en el topónimo del Barranco de la Tabaquera, alusión directa a la presencia de esta planta en el lugar, tal como se la conocía entonces y que algunas fuentes sopesaban si podía ser originaria de las islas.

«Existe profundamente arraigada entre los canarios la creencia de que el tabaco es planta indígena; que abundaba en sus campos cuando tuvo lugar la conquista (1); y se asegura que antes de conocerse en Europa el uso que de esta hoja se hace en la actualidad, se empleaba por los canarios como remedio para algunas enfermedades, del mismo modo que acontece en nuestros dias en muchos pueblos del interior del Archipiélago.

(1)  De mí sé decir que desde la primera infancia conocí esta planta, que en union de las malvas, borraja, cardos silvestres, jaramagos y otras análogas que en general llamábamos yerbas salvajes, crecia en las huertas incultas del pueblo en que pasé los prímeros años de mi vida. Distinguíamos la indicada planta con el nombre de tabaquera, y era, lo recuerdo muy bíen, bastante comun, y los campesinos la empleaban como medicamento, puesta en infusion, sobre todo para extinguir parásitos. Daba flores rosadas; pero los chicos las despreciábamos por las malas condiciones de limpieza que tenian las hojas» (PÉREZ DEL TORO, 1881, p. 5 y n.).


Familias en Las Meloneras en 1940 (Fedac)
El autor de la bibliografía anterior Felipe Pérez del Toro, que fue diputado y senador por el Partido Conservador en representación de Las Palmas, en su monografía sobre la situación de las islas a finales del XIX para su difusión entre los miembros de las cámaras, entendemos podía estar refiriéndose a la Nicotiana tabacum, por el color de su flor mencionado, que en la versión actual se dice que es

«planta de origen americano, introducida en las islas. Se trata de una planta que puede alcanzar los 2,5 m de altura y que se diferencia por sus flores, de color crema-verdoso, con el extremo de la corola de color rosado. Las hojas carecen de peciolo o éste es alado. Se conoce como "tabaco"» (FLORA VASCULAR DE CANARIAS. floradecanarias.com).

Las otra plantas asimilables localizadas en Canarias, las conocidas como tabaco moro y tabaco pegajoso, ambas de la familia de las nicotianas, sus flores son amarillas, y el tabaquero de Caracas, del género las wigandias, las tiene lilas.

La pérdida de negocio en el cultivo y elaboración del tabaco, como en otras tantas partes de las islas, llevaría al abandono de los cultivos, y la vuelta al pastoreo en los mismos. A partir de los años cuarenta del pasado siglo, comenzaron a arrendarse las tierras del Condado a los cosecheros de tomates y a cultivarlas por su cuenta en régimen de medianería. «Enrique Jorge fue el primer cosechero que nos consta comenzó a cultivar tomates en la finca El Salobre desde 1940» (REBOLLO LÓPEZ, 2012, p. 62), iniciándose estos cultivos por el disfrute de aguas de los barrancos próximos a las tierras.
 
Tomateros en Las Meloneras (col. Juan Agustín Franco)
Mientras los Llanos de Maspalomas permanecían sin cultivar por la falta de agua hasta los años 50 del pasado siglo «La construcción de canales que unirían presas como la de la Cueva de Las Niñas y Chira, impulsó el cultivo de tomates en las costas de Mogán y San Bartolomé de Tirajana» (IBÍDEM, p. 57).

Pero en la isla se estaba iniciando otro nuevo “cultivo”, el del turismo y no como el selectivo de finales del XIX que venían a disfrutar de las saludables aguas de los balnearios en las fuentes naturales, como Azuaje y Berrazales, y del buen clima que encontraban en El Monte.

Era un turismo masivo, en busca de sol y playas, y así ya aclamaban los titulares de la prensa local cifras sensacionalistas

«Turismo en 1958. Cerca de 174.000 turistas en tránsito y unos 30 mil de estancia en Gran Canaria. Franceses, suecos y alemanes predominan en el turismo de invierno, mientras que en el verano ─que se trata de fomentar más aún─ predominó el turismo francés y belga.  Opinión de todos ellos: Hay que explotar turísticamente las maravillas naturales de las playas. Y hacer de Maspalomas una zona turística para que desaparezca su antiestético estado» (FALANGE, 1-ene-1959).

Y a partir de ahí se inició una larga carrera de años constructivos, de naciente a poniente, de San Agustín al Inglés, y del Inglés al Faro de Maspalomas. Y aquí paró durante algún tiempo la fuerte especulación del suelo por el disfrute de las playas de fina arena. A partir del Faro se paró, posiblemente porque sus playas son de cantos y bolos, apareciendo arena únicamente en la marea baja. Eran una secuencia continuada de este tipo de playas: de las Mujeres, Meloneras, Hornillo, Montaña de Arena, Carpinteras, Triana, El Pajar y la histórica Ganeguín.
 
Una tranquila y solitaria playa en 1961 (Máximo Jorge - Fedac) 
Otro mundo de playas distintas empezaba a partir del Faro, explanación y muelle diseñados por Juan de León y Castillo y terminados en 1890, después de cinco años de dura construcción e incrementos presupuestarios, hasta que la linterna se iluminara con el aparato óptico parisino de F. Barbier. Y había sido así por la proximidad a la marea que impedía encontrar roca firme donde anclar el pie derecho sin que éste se viera anegado por el agua salada (HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ, 2006, p. 81).

Aquella entonces conocida como Punta de Maspalomas, figuraba en la cartografía de Pedro Agustín del Castillo de 1686 como Morro de las Colchas tomándola de derrotas marineras más antiguas, y no lo era porque elegantemente cubriera con seda alguna ilustre cama, ni siquiera por la errónea transcripción de las Conchas. Y lo era por ser la acción y efecto del verbo al uso en aquellos tiempos:

«Colchar: En la náutica es torcer los rebenques que se hacen à mano de meollar, y este se colcha en el carretélo. Vocabul. Marit. de Sev.»

Vista aérea retrospectiva (eltiempo-es)
Si seguimos al citado vocabulario marítimo de Sevilla, el DRAE en la actualidad nos dice: 

«Rebenque.- 1. m. Látigo de cuero o cáñamo embreado, con el cual se castigaba a los galeotes»

Esta voz se incorporó al léxico canario para llamar así la acción de fustigar a las bestias, y en ocasiones despectivamente para insultar a aquel algo bruto:

«1. m. Látigo o instrumento semejante que sirve para azotar» (ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA).

Y para más abundar en el significado etimológico de la expresión del topónimo antiguo, la RAE recoge la primera del verbo en el actual diccionario para uso marino con una pequeña variación fonética:

«Corchar.- 1. tr. Mar. Unir las filásticas de un cordón o los cordones de un cabo, torciéndolos uno sobre otro».

Vista de la playa con marea baja en 1990 (Fedac)
De todo lo dicho podemos extraer la conclusión que doblar la punta o el morro de Maspalomas entrañaba para la marinería un elevado esfuerzo, que requirió en la antigüedad castigar con las colchas a los hombres que forzados remaban en las galeras y así poder continuar la travesía. Tiempos después meterían más carbón en la caldera o soltarían más trapo, pero en ese tiempo así era.

Ello nos permite entender, como de una playa de finas arenas se pasa a unas playas de cantos y bolos con arenas intermareales, por las diferentes corrientes marinas y vientos. Pero esta configuración de playas a marea baja no impidió que algunos que huían de la masificación de las playas de finas arenas, se acercaran a la Playa de Meloneras, y que alguna familia descubriera así una fórmula de ganarse su sustento.

La casa de Aurora y Serafín (Fedac)
«En 1958 Serafín y Aurora, comenzaron a servir en un chamizo destartalado de Meloneras paellas y cazuelas que se hicieron famosas. Una leyenda gastronómica del sur grancanario que todavía sigue en marcha. Él compró una barquilla y salía de pesca; ella la cocinaba. El comedor estaba a diez metros del mar y cuándo subía la marea los “guiris” perdían las chanclas “pero eso les hacía gracia”».

«Manuel [hijo] dice que su madre, “era muy negociante, un lince. Ella fue la que vio que por aquí llegaban gente a bañarse, a tomar sol, en fin, personas “bien” de Las Palmas; turistas, amigos, médicos, empresarios, etc., que después del paseo por la playa no tenían ni donde tomar un vaso de agua y ahí vio un negocio”. Lista y emprendedora. El matrimonio trabajó sin descanso y las paellas y las cazuelas de Aurora y Serafín se hicieron muy famosas. Por allí aparecieron también populares de televisión, artistas, escritores y hasta algún monarca cuya foto guarda Manuel con cariño porque tiene una curiosa dedicatoria. “Aquí todos pedían lo mismo: “El arroz de Serafín”. Cuenta que desde pequeño retiene en su memoria una escena que no olvidará jamás; “A mi madre casi de noche, sin amanecer, partiendo trozos de pollos para las paellas y así día tras día…» (AYALA, M. (2016). marisolayala.com, 18-oct).

Vista de la playa (laguiadegrancanaria-com)
Llegado el siglo XXI aquel reducto de playa, privada para muchos que huían de la masificación, que llegaban a ella por pistas de tierras que antes cultivaban tomateras ─hoy las pelotas de golf han sustituido a los rojos tomates─, llegar al cauce seco del barranco para terminar en la playa, ya es parte del todo, algo menos masificada, con enormes y lujosos hoteles, palacio de congresos, centros comerciales; y muy cerca de la playa, ya cumpliendo el reglamento, están también los deudos de Aurora y Serafín que antes estaban a pie de playa.

Ahora la contemplan un poco más alto, sin tener que preocuparse porque una ola llegue, pero también sin la belleza de aquella playa de marea baja donde muchos buscaron la tranquilidad, y que en la actualidad para encontrar esa tranquilidad se tienen que ir más allá de la Playa del Hornillo, más allá de donde hoy llaman Pasito Blanco, por la caliza blanca que antiguamente distinguía al puntón que penetraba en el mar.

Puede que el argumentado origen del topónimo de Las Meloneras se deba a la estancia de Colón allá abajo en el sur, y que algún buen día alguien encuentre un viejo pergamino que recoja que efectivamente allí tomaron los frutos cuyas semillas fueron plantadas en las Américas. Los otros topónimos próximos nos han dejado más huellas para conocer con certeza de sus orígenes.

Localización (IDE Gran Canaria)

viernes, 28 de octubre de 2016

CAÑADÓN/ES, EL/LOS (AGÜIMES Y OTROS)

Así como el topónimo genérico ‘cañada’ es habitual en todas las islas, en singular  y plural ‘cañadón’ y ‘cañadones’ lo encontramos exclusivamente en Gran Canaria, y todos ellos en la considerada por los estudiosos ‘isla vieja’ de los tiempos geológicos, de manera aproximada la mitad suroeste, mucho más afectada por la erosión.
 
Los Cañadones en Agüimes (Rafael Peñate Navarro)
En la entrada a este blog de los topónimos genéricos, ya anotábamos que ‘cañada’ señala la presencia de un barranco pequeño, estrecho si se refiere al relieve, que es la acepción más usada en Canarias; pero también puede significar “lugar de paso de ganado” en el pastoreo, marcando la diferencia del académico significado del DRAE «Espacio de tierra entre dos alturas poco distantes entre sí».

En cuanto a la voz ‘cañadón’, que pudiera entenderse aumentativo de la anterior, el DRAE nos ofrece tres acepciones descriptivas usadas en distintos lugares. La primera recogida, al uso en Andalucía y Cuba, es «Cañada honda». La segunda al uso en Argentina, Bolivia y Paraguay «Cauce antiguo y profundo entre dos lomas o sierras». Y la última en Uruguay, puede ser una variante de la anterior con agua «Hondonada en forma de amplio cauce, con riberas altas, por la que circula una pequeña corriente de agua».

No parece que ninguna de las tres se aproximan a los ‘cañadones’ que en la isla encontramos, y quizás lo sea por el encogimiento de los cauces por el tamaño de la isla. Aquí en la isla, porque lo fueran con toda probabilidad originados por grandes barranqueras de aguas en fuertes descensos en laderas dejando a ambos lados a su paso ‘puntones’ o rocas compactadas que resistieron a la erosión.

Cañadón de Tasarte (Google Earth)
Sí hay que entenderlos como viejos cauces de escorrentías o vertientes, venidos a menos por el descenso progresivo en siglos de la pluviometría, y si bien en tiempos de lluvias pueden llevar hilos de agua, a partir de su relativa desecación se convirtieron en lugares de paso de ganado por su accesibilidad, dado que  no llegaron a constituir ‘caideros’ formados en las caídas de agua en vertical, con la única excepción del Cañadón de Tasarte que puede llegar confundir en el inicio de su caída vertical de los 1.300 msnm., si bien el topónimo lo recibe cuando lo forma en la cota de los 1.000 msnm. Todos ellos en los tiempos actuales son rutas habituales de los senderistas por su espectacularidad y belleza.

Panorámica del Cañadón de la Chapa (Google Earth)
Encontramos en la isla los siguientes topónimos ordenados por municipios, entre ellos algunos derivados del primario. AGÜIMES: Los Cañadones; ALDEA DE SAN NICOLÁS: Blanquizal del Cañadón, Cañadón de Tasarte, El Cañadón, Los Cañadones y Filos de los Cañadones; SAN BARTOLOMÉ DE TIRAJANA: Alto del Cañadón, Cañadón de la Baranda, Cañadón de la Meseta, Cañadón de la Manzanilla, Cañadón del Jierro, Cañadón Sombrío, El Cañadón y Los Cañadones; TEJEDA: Cañadón de la Chapa, El Cañadón, Los Cañadones y Montaña de los Cañadones.

Vertientes del Cañadón de la Chapa (Yeray Santana)
Su localización es posible en los mapas que insertamos por las referencias próximas conocidas, y así los encontramos con una fisiografía con las formas más caprichosas que la naturaleza pueda crear. Desde la Montaña que lleva tal nombre en Tejeda cuyas laderas están formadas por cañadones, muy cerca de la Presa de las Niñas, que constituye todo un enigma entender como pudo erosionarse de tal forma cuando no cabe comprender como pudo acumular agua en su cumbre que originara tal erosión, pero con total seguridad alguna explicación geológica tendrá.

También Los Cañadones aldeanos, entre Vallehermoso y Guguy, donde se pueden contemplar los mecanismos erosivos de los siglos, conformando la alineación de filos, cañadones y rodaderas en dirección naciente-poniente, donde sólo este lugar recibió el topónimo si bien otras muchas escorrentías de Vallehermoso y Guguy podrían haber sido candidatos a ser reconocidos como tales porque horadaron igualmente el relieve.

Los Cañadones y el Filo en Aldea de San Nicolás (cibermaruja)
Otros muchos no ofrecen mayores complejidades de entendimiento, pues los encontramos en el cauce medio alto de un barranco, como lo pueden ser los tirajaneros de la Baranda, la Manzanilla y la Meseta, cerca de Montaña Negra, Los Bailaderos en el Pinar de Tirajana, y del Risco Blanco, respectivamente. 

Entre el grupo anterior no hemos de olvidar el Cañadón de Tasarte que demostró su origen el 21 de diciembre de 2009 cuando las aguas torrenciales caídas en el Blanquizal del Cañadón, entre la Montaña de Los Hornos y la Montaña de Ojeda, en la cota de los 1.400 msnm, motivó un gran aluvión que erosionó y modificó el propio cauce del barranco acentuando un desdibujado cauce y provocando graves incidentes en el barrio de El Palillo. La erosión y destrozos se debieron a la cantidad y fuerza del agua caída, corriendo por una pendiente media del 42% en los 2.300 metros recorridos entre el pueblo y los altos del cantil.
 
Instantánea de 2009 del cauce erosionado del Cañadón de Tasarte (aguasgrancanaria-com)
Más notorios y espectaculares son otros. Ya hemos tratado en otra entrada a este blog dos de los cañadones tirajaneros, muy conocidos por ser el supuesto paso de la prehistoria a la historia de la isla, obligado paso en la trashumancia, y posiblemente los más altos e impresionantes: Cañadón del Jierro y Cañadón Sombrío.

Como ejemplo típico de la espectacularidad paisajística que nos ofrecen los cañadones, tratamos con mayor profusión fotográfica el primero de los citados por orden alfabético, el de Agüimes. Situados al norte de Temisas, muy cerca del barrio en el que encontramos yacimientos arqueológicos de relieve, hemos de destacar la presencia en el lugar de las ruinas de un singular horno para la construcción de tejas del siglo XIX, construido con piedra y barro, revocado en su interior con arcilla roja, que mucha probabilidad de que fuera el proveedor de muchas de las cubiertas a dos aguas de las viviendas del lugar de muy bella factura.
 
Andén Blanco en Los Cañadones (caminosdecanarias.blogpost-com)
Muy cerca de Los Cañadones encontramos el Andén Blanco que debió ser mejorado de forma artesanal en tiempos pasados, así llamado por discurrir sobre el sustrato blanco de los riscos, y el cual habilitó en el pasado la subida al horno de tejas situado en lo alto de Los Cañadones.

A la espectacularidad de los propios cañadones, hay que destacar la gran panorámica que desde lo alto se domina del barrio de Temisas, pudiendo admirarse en su entrada a este blog la belleza de los techos de tejas de las viviendas más antiguas del pago.
 
Los Cañadones de Agüimes (Rafael Peñate Navarro)
La elaboración artesanal de tejas tiene presencia en la isla desde el siglo XVI, tiempos cuando el molde más elemental era la parte delantera del muslo humano, en mayor medida femenino debido al gran número de mujeres que practicaban este oficio, adquiriendo así la forma troncocónica estrecha en la parte superior y estrecha en la inferior para su sujeción en los techos, siempre utilizando arcillas encontradas aquí y con un proceso de cocción en hornos que poco variaron con respeto al horno que aquí encontramos del siglo XIX como ya se ha dicho, salvo su tamaño en relación con las cantidades producidas.

El tamaño de los hornos antiguos vendría limitado precisamente porque la elaboración de las tejas era un oficio complementario al principal de su actividad, normalmente el cultivo de sus tierras, hecho que limitaba el número de tejas elaboradas.
 
Horno de Los Cañadones y Temisas al fondo (Aider Gran Canaria)
La proliferación de los hornos en el XIX viene dada por el aumento de la demanda tanto para edificios públicos como para la arquitectura doméstico, y ello propició aumentar la producción a partir de su preparado en moldes.

«… la cadena operativa se caracterizaba por someter la tierra a un proceso de limpieza y retiro de impurezas (piedras, raíces) a través del cernido o cribado. Posteriormente, se mezclaba con agua y se dejaba esponjar. A la masa obtenida se le añadía arena de barranco o tomada en zonas con calidades propicias para el cocido. La mezcla era amasada utilizando herramientas y aperos de labranza (raspaderas, azadas).
 
Horno de tejas de Los Cañadones (Aider Gran Canaria)
En diversas ocasiones —tal como se hacía hasta pocas décadas atrás— se empleaba una vaca para pisar el barro pues la demanda era tan alta que los alfareros no podían elaborar tanta cantidad de barro sin el empleo de estos medios. Una vez obtenida la masa o pasta, dependiendo de las piezas a elaborar, se seguía un patrón determinado. Por ejemplo, en el caso de las tejas y tejones, se cortaba un trozo de barro y se vertía en estructuras de madera construidas de forma trapezoidal —en el siglo XIX éstas pasaron a ser de hierro—, denominadas gradillas (con diversas medidas según se quisiera realizar tejas, tejones, tejas de pequeño tamaño, etc.).

Detalles del revocado interior del horno (Aider Gran Canaria)
Tras establecer la cantidad de barro formativa de cada pieza se le pasaba el raidero, es decir, un útil de madera cuyo fin es ajustar la vitola o medida de cada pieza a un estándar, eliminando el barro sobrante. Finalmente, la masa a emplear se introducía en moldes de madera individuales, llamados galapos o galápagos, donde ésta tomaba su forma definitiva.

Una vez lograda la teja se extraía del molde y se ponía a secar al sol sobre el llamado mantillo o tendedero. Tras el secado —prolongado por varias horas— las tejas se trasladaban hasta el interior del horno, donde el tejero las colocaba con cuidado y con determinada distribución para facilitar su cocción.

Detalle de Los Cañadones de Agüimes (caminosdecanarias.blogspot-com)
Los ladrillos eran elaborados con una pasta similar, vertiéndose el barro dentro de unos moldes —habitualmente dobles—, la cantidad de pasta se ajustaba a la cavidad, se prensaban con las manos y se le pasaba un rayador para su enrasado. Una vez concluidas dichas acciones, se extraía el bloque del molde con un leve golpe y se secaban al sol sobre el mantillo en espera de entrar en el horno de cocción.

Vista de Los Cañadones desde Temisas (Google Earth)
La elaboración de los citados materiales era estacional, predominando las cocciones en los meses de verano cuando los hornos —descubiertos— podían tener un mayor rendimiento. Las tejas solían tener como medida estándar —la denominada en la actualidad teja vieja, antigua o canaria— unos 42 centímetros de largo, por 15-18 de ancho y 7 centímetros de alto (desde la base al arco). El ancho del labio solía ser de 1,5 centímetros y su peso medio, una vez guisada, se situaba en 1,5 kilogramos» (QUINTANA ANDRÉS, JIMÉNEZ MEDINA et ZAMORA MALDONADO, 2014, p. 7).

Localización de Los Cañadones en Agüimes (IDE Gran Canaria)

Localización del Cañadón de Tasarte y del Blanquizal en Aldea de San Nicolás (IDE Gran Canaria)
Localización Los Cañadones y del Filo en Aldea de San Nicolás (IDE Gran Canaria)
Localización Cañadón de la Baranda en S. Bartolomé de Tirajana (IDE (Gran Canaria)
Localización Cañadón de la Manzanilla en S. Bartolomé de Tirajana (IDE (Gran Canaria)
Localización Cañadón de la Meseta en S. Bartolomé de Tirajana (IDE (Gran Canaria)
Localización Cañadón de la Chapa en Tejeda (IDE (Gran Canaria)
Localización Los Cañadones y Montaña de los Cañadones en Tejeda (IDE (Gran Canaria)