viernes, 30 de diciembre de 2016

20. POBLADOS ABORÍGENES HABITADOS EN LA CONQUISTA

En la Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel escrita por el bachiller Andrés Bernáldez, Cura de Los Palacios y Capellán del Arzobispo de Sevilla Diego Deza, editada en Sevilla en 1870, incluye varios capítulos dedicados a la conquista de las Islas (BERNÁLDEZ, 1870).


De dicha obra habría que dejar constancia de algunas concreciones sobre el autor al que se le atribuye la llamada “historia”, pues no debe tomarse como crónica histórica, dado que el propio autor reconoce que son unas memorias, y sobre el autor y su obra se ha realizado un análisis profundo del que extraemos párrafos que permiten conocer de dicha fuente bibliográfica (BAUCELLS MESA, 2004, pp. 122-129).

«Bernáldez, sin embargo, no era más que un sacerdote que dedica su tiempo libre a escribir sus memorias, probablemente a partir de las informaciones que recoge como capellán del arzobispo de Sevilla. En efecto, la obra de Bernáldez se trata de un “libro de memorias”, tal y como el propio cura de Los Palacios reconoce en su escueta introducción a la vida de Enrique IV, que toma de los Claros Varones de Pulgar y de su propia experiencia.

[…] Sobre lo que aquí más nos interesa, la crónica de Bernáldez incorpora hasta cinco capítulos explícitos sobre la conquista realenga de Canarias, ampliando su habitual constreñimiento a la toma de Gran Canaria para informarnos sobre La Palma y Tenerife, que hasta entonces sólo habían sido tratadas muy someramente por Alonso de Palencia en la descripción del Archipiélago que introducía su relato sobre la expedición de Rejón.
 
Busto de Andres Bernáldez
(sevillapedia.es)
[…] debió ser escrita por el cura de Los Palacios durante los primeros años del siglo XVI, en todo caso siempre después de 1493 y antes de 1513, fecha aproximada de su muerte.

[…] el texto de Bernáldez sobre Canarias también singulariza su crónica, ya que evidencia el manejo de otras fuentes distintas que ampliaron sus noticias sobre las islas. Y es esta particularidad la que concede valor al texto de Bernáldez: sin tener el acceso de información que gozaron los cronistas oficiales, el cura de Los Palacios sin embargo nos legó un elenco de noticias que estaban ausentes en aquéllos. Así, salvo ciertos aspectos que pudo tomar de Pulgar o de Palencia ─de éste quizá su descripción introductoria─, Bernáldez se muestra novedoso en detalles significativos: pone nombre y describe la casa de oración de los canarios, que mencionaba Pulgar, "atorina" (1962: LXIV, 138); relata un supuesto mito de origen y premonición de la conquista en Gran Canaria; introduce la conquista realenga haciendo una síntesis de la señorización de las islas desde Bethencourt hasta la intervención de la corona (Capítulo LXV); incorpora ciertos aspectos en la conquista de Gran Canaria (Capítulo LXV/);

[…] Pero, ¿de dónde toma las referencias de Canarias? Probablemente, de momento sólo podemos coincidir con Morales Padrón al advertir que el carácter de fuentes "de primera mano" nos inducen a pensar que Bernáldez recogió información de cualquier clérigo, marino o comerciante que estuviera en las islas (Morales Padrón, 1991: 38).

Añadir que muchas fuentes coinciden en que pudo obtener información primaria y directa de aborígenes, por ser coetáneo de los primeros tiempos de la conquista y por los detalles sobre rituales y topónimos de poblaciones, entendiendo éstas como núcleos habitados en el momento de la conquista de la isla.

Cuando el canónigo de Sevilla Juan de Frías fue nombrado obispo de San Marcial del Rubicón en aquellos primeros años de la conquista, se erigió en protector de los naturales de la islas y demandó ante los Reyes, en defensa de los canarios llevados  a Andalucía y vendidos como esclavos, porque «eran cristianos y libres, pues estando en amparo de la santa madre Iglesia, y él así como pastor y prelado suyo había estado muchas veces entre ellos los cuales recibían los sacramentos y le habían pagado sus diezmos así como verdaderos cristianos». Ordenada su liberación debió participar el Arzobispado de Sevilla, del que era capellán el bachiller Bernáldez y así tener la posibilidad de tenerlos como fuente oral.


Reproducimos el párrafo que inicia dando cuenta de sus vestidos y medios de sustento, a partir de donde escribe de sus rituales y de sus atributos, descripción que permite acercarnos al rigor que dicha obra puede entrañar como memoria histórica.

«En la Gran Canaria, tenian una casa de oracion llamaban allí Toriña, é tenian allí una imájen de palo tan luenga como media lanza, entallada, con todos sus niervos, de mujer desnuda, con sus miembros de fuera, y delante de ella una cabra de un madero entallada, con sus figuras de hembra que quería concebir, y tras de ella un cabron entallado de otro madero, puesto como que queria sobir á engendrar sobre la cabra. Allí derramaban leche y manteca, parece que en ofrenda, ó diezmo ó primicia, é olía aquello allí mal á la leche ó manteca. No tenían hierro de que se servir, salvo de algunos desbaratos que hacian en los christianos que les facian guerra, algunas armas é cuchillos se servian. Sembraban el trigo y cebada con cuernos de cabra metidos en varas, especialmente en Gran Canaria en lugar de arados, é así volvian la tierra y cubrían el grano, é cojian en gran multiplicacion de una medida cincuenta é mas; no hacian pan, salvo gofio envuelto el grano majado con la leche é con la manteca…

[…] Son en todas estas islas hombres de buen esfuerzo, y de grandes fuerzas, y grandes braceros, y hombres livianos y lijeros, y mas los de la Gran Canaria. Son en todas las islas hombres razonables de buenos entendimientos, y de agudo injenio, por ser silvestres é pastores ellos y ellas, y son gente fiel, y caritativa, y de verdad, y buenos christianos.» (p. 180).

El otro párrafo que nos interesa reproducir, y que nos permite acercarnos a la toponimia en lengua aborigen, pues aporta la relación de las poblaciones habitadas cuando la conquista de la Isla, que nos permite apreciar las variantes de las corrupciones fonéticas orales desde la lengua muerta de los aborígenes hasta el castellano antiguo escrito, sin pretender siquiera de su significado.

«…É así el Rey D. Fernando é la Reina Doña Isabel conquistaron é ganaron la Gran Canaria, é había en ella los lugares é aldeas siguientes poblados. Telde, de donde se intitulaban el Rey y un Obispo. Galda, de donde se intitulaban el otro Rey y el otro Obispo. Araguacad. - Arajines. -Themensay.- Atrahanaca.-  Atairia.- Atagad.- Adfatagad.- Furic.- Artenaran.- Afaganige.- Areaganigui.- Arecacasumaga.- Atasarti.- Aeragraca.- Arbenugania.- Arerehuy.- Atirma.- Aracuzem.- Artubrirgains.- Atamaraseid.- Artagude.- Aregayeda.- Aregaldan.- Areagraxa.- Areagamasten.-  Areachu.- Afurgad.- Arehucas.- Aterura.- Atenoya.- Araremigada.- Ateribiti .- Arautiagata. Todos estos lugares tenian poblados al tiempo» (p. 186).

El arqueólogo Antonio JIMÉNEZ MEDINA realizó una compilación de las distintas investigaciones realizadas para localizar en la isla los nombres aborígenes de aldeas y lugares incluidas por el Bachiller Andrés Bernáldez, y que eran las poblaciones habitadas cuando comenzó la conquista de la isla de Gran Canaria. Las obras de estas tres fuentes (JIMÉNEZ GONZÁLEZ, 1999), (MEDEROS MARTÍN et ESCRIBANO COBO, 2002) y (ONRUBIA PINTADO, 2003), se basaron en los datos lingüísticos y toponímicos, y se cree que la fuente oral del bachiller fue un natural de la isla desplazado a Sevilla.

En fuente de color rojo se recoge el grafismo del Bachiller; en azul las enmiendas posteriores de los mismos habidas, dada la compleja interpretación de los fonemas aborígenes; y en verde se indican aquellas que no se han identificado.

Adfatagad: Fataga [San Bartolomé de Tirajana].
Afaganige: lugar sin identificar.
Afurgad: Se le ubica en La Guancha, Barranco del Tarajal, y no en el casco urbano [Firgas] (JIMÉNEZ MEDINA et ZAMORA MALDONADO 2010, p. 139).
Aracuzem (Aracuzen): Acusa [Artenara].
Arautiagata.Arautiagaca: Utiaca [Vega de San Mateo].
Araguacad: lugar que se se asociaría con Bañaderos [Arucas], según el mapa elaborado por (JIMÉNEZ GONZÁLEZ, 1999, p. 122).
Arajines (Aragüimes): Centro histórico [Agüimes].
Araremigada: Se le relaciona con Tenteniguada [Valsequillo].
Arbenugania (Arbenugarias): pudiera ser Veneguera [Mogán].
Areachu: lugar sin identificar.
Areagamasten (Augumastel, o Aumastel): así llamado el barranco que separaba la potestad de los repartimientos del norte, que tomaría después el de Barranco de Azuaje, [Firgas y Moya, y Arucas en la ribera de mar].
Areaganigui: Arguineguín [Mogán].
Arecacasumaga [Arecasumaga]: El Zumacal (Firgas y Valleseco).
Aregayeda [Aregaieda]: Guayedra [Agaete].
Aregaldan, Galda [Aregaldar]: Gáldar [centro histórico].
Areagraxa [Areagraca, Aregraca – Ayraga]: lugar que se ubicaría en la Costa de Lairaga [norte de Gran Canaria], pudiendo ser en El Pagador [Moya] o San Felipe [Sta. María de Guía].
Aregraja: lugar que se ubicaría en el término municipal de San Nicolás de Tolentino.
Arehucas: Diseminado laderas Montaña [Arucas].
Arerehuy: lugar sin identificar.
Artagude [Artegede]: Casco histórico [Tejeda].
Artenaran: Casco histórico [Artenara].
Artubrirgains [Artubrirguais]: Artevirgo o El Pueblo [Aldea de San Nicolás].
Atagad: Unos autores lo relacionan con Fataga [San Bartolomé de Tirajana] (MEDEROS MARTÍN et ESCRIBANO COBO, 2002), si bien parece lógico asociar este lugar a la voz Adfatagad como ya se ha dicho. Otros lo asocian a Fontanales [Moya] (JIMÉNEZ GONZÁLEZ, 1999).
Atairia: Taidía [San Bartolomé de Tirajana].
Atamaraseid: Tamaraceite [Las Palmas de Gran Canaria].
Atasarti: Tasarte en el término municipal de San Nicolás de Tolentino.
Atrahanaca: Tirajana: Casco histórico o ¿Tunte? [San Bartolomé de Tirajana].
Atenoya: Tenoya [Las Palmas de Gran Canaria]
Ateribiti: Artejévez [Aldea de San Nicolás].
Aterura: Pudiera ser Guanchía o San Matías [Teror].
Atirma: Tirma [Artenara].
Furic [Furie]: Benafurel o Furrell [Aldea de San Nicolás].
Telde: Centro histórico [Telde].
Themensay [Themensas]: Temisas [Agüimes].

En nuestra particular opinión, desde el extenso conocimiento de la toponimia insular, entendemos que el término Arecacasumaga pudiera no asociarse al pago de El Zumacal (Firgas y Valleseco), pues por los repartimientos parece guardar relación su origen con el zumaque que en estos lugares plantó Sebastian de Toro cuando solicitó la data de las tierras el 11 de enero de 1544 (RONQUILLO RUBIO et AZNAR VALLEJO, 1998, p. 170), y por consiguiente no cabría en este caso el dato lingüístico.

Si usáramos tal regla de la evolución de los fonemas lingüísticos, y desde la tesis de algunos investigadores que estiman la lengua aborigen como bereber-insular ó amaziq-insular, que sostienen que los términos toponímicos precedidos del prefijo ‘ar_’ deben traducirse como ‘lugar de/en _’. Como ejemplo dos fuentes bibliográficas:

«‘Artebirgo’, errata de ‘ar-tebirgun’, literalmente “lugar de tiendas” o “casas” = “Aldea”, que literalmente corresponde a “LA ALDEA”, como se llamó usualmente hasta comienzos de este siglo: recuérdese el famoso “pleito de la Aldea”, el actual “San Nicolás” y “San Nicolás de Tolentino”. El nombre del Acta de 1476 se compone de ‘ar’ (variantes ‘al’ y ‘an’), “lugar”, seguido del plural femenino ‘tebirgun’, correspondiente al singular ‘tabergen’, ‘tibergen’ y ‘abergen’, ‘abirgm’ y ‘abergan’ masculinos, de valor “tienda”, “choza”, “casa” (ALVAREZ DELGADO, 1982, p. 276).

«Su composición guanche-berber es evidente por ’ar- ġi-neguin’, o mejor ‘nneggin’ = “lugar en los altos”. EI componente ‘ar’, “lugar”, señalado ya varias veces; la preposición panberber ‘ġ’ var. ‘ġer’ y ‘ġur’ vale “en” y “sobre”. y ‘neguin’ o ‘nneggin’, “altos”, procede, según teoría de A. Basset, de un verbo primario caído en desuso, neg, de valor “alto” o “estar encima”» (ÁLVAREZ DELGADO, 1982, p. 278).

«Entre sus numerosas variantes hallo registrada por Bernáldez su forma primaria ‘arehucas’ por ‘ar-ehukkad’, literalmente “el lugar de la cresta” o “la trenza”. El primer componente ‘ar’, “lugar”, ha sido citado muchas veces y largamente reiterado en los topónimos grancanarios de Bernáldez. El segundo componente, citado por Foucauld y Laoust, es la forma tuareg ‘ahekkbd’, plural ‘ihekktid’, cuyas variantes fáciles ‘ahekkud’, plural ‘ehukkad’, son el segundo componente: “crestas o trenzas”. Arucas, contracción de ‘arehúcad’, vale, pues, “el lugar de las crestas” o “de la cresta”, aludiendo claramente a la Montaña de Arucas» (ALVAREZ DELGADO, 1982, p. 281).

Artaço, deriva de ‘ăr-taẓẓut’: “lugar de plantaciones” y de Almogarén, deriva de ‘ăr –muggarăn’: “lugar de encuentro, adoración, reunión” (REYES GARCÍA, 2011),

Siguiendo esta regla, descomponiendo ar-ecasumaga y prescindiendo del indicado prefijo tendríamos Ecasumaga`, acercándose su parecido fonético con el topónimo vivo de Fortamaga (Artenara), donde se encuentra un yacimiento arqueológico. Pero tan sólo hemos de tomarlo como una presunción desde la aplicación de dicha tesis sostenida por los filólogos e historiadores.

Igual descomposición podríamos aplicar al término de ar-erehuy, que quedaría en ‘Erehuy’  pudiera aproximarnos a Guguy (Aldea de San Nicolás) y  Taguy (Tejeda), ambas voces con muchos fonemas evolutivos en los siglos y cuya última sílaba (leída, ‘güy’) se ha asociado a “precipicio”, si bien la primera sílaba ‘ere’ del término no identificado se ha asociado a depósitos naturales de agua. Pero estos son simples conjeturas, máxime conociendo la evolución de los fonemas del castellano antiguo de etimología del latín hasta nuestros días.

De los dos restantes lugares sin identificar Afaganige y Areachu, siguiendo iguales relacionales podría tratarse de Arinaga (Agüimes) y Arteara (San Bartolomé de Tirajana) términos que son entendidos como aborígenes y en ambos se localizan yacimientos arqueológicos y diferentes aprovechamientos o sitios de rituales funerarios.


Sirva esta entrada al Blog para dar cuenta de los primeros topónimos de poblados habitados conocidos expresados en la lengua aborigen, recogidos en una memoria histórica coetánea de los primeros tiempos de la conquista de la Isla, y que nos permite reconocer el esfuerzo en grandes investigaciones de muchos filólogos e historiadores, que se han venido haciendo y se siguen, para conocer y documentar el eslabón que une nuestra prehistoria con la historia, tratando de hilvanar ambas para saber de nuestro inmaterial patrimonio etnográfico que es la toponimia, para llegar a entender por qué nuestros antepasados naturales de la isla le dieron tales nombres a los lugares de sus asentamientos.

Localización de 'Afurgad' (IDE Gran Canaria)

sábado, 17 de diciembre de 2016

LA VILLA DE MOYA, SUS HUELLAS EN LA ANTIGÜEDAD TOPONÍMICA

Cuando un colectivo humano da nombre a un lugar, está creando un topónimo obedeciendo a aquello que la memoria colectiva ha reconocido como determinante para distinguirlo de otros lugares. Así ha ocurrido en esta isla, donde se ha dado nombre a lugares porque así lo llamaron sus primeros pobladores: por la abundancia de una especie animal o vegetal, por la morfología de su territorio, su relieve o el color dominante de su suelo; muchos lo fueron en recuerdo de algún milagroso santo que trajo las lluvias o las buenas cosechas, y también ensalzando el más preciado bien de la naturaleza, el agua en sus diferentes manifestaciones.

Muchos nombres han perdurado en el tiempo con el antropónimo del propietario de las tierras, algunos de ellos patronímicos, nombres propios que se convirtieron en apellidos. No es extraño encontrar otros lugares que recuerdan el defecto físico que tuvo alguien que allí fue estante, y como no, el oficio, ocupación, cargo o título nobiliario que desempeñaban u ostentaban.

De la gran mayoría de estos nombres de lugares, de los conocidos como antro-topónimos, puede que las actuales generaciones no tengan conocimiento de a quien se refieren, pero siempre podrán recurrir a la historia escrita por un investigador o cronista que da cuenta de quién, cómo y cuándo el personaje dio nombre al lugar.

En el caso del topónimo de Moya, lo encontramos en el «Índice general de términos guanches (o tenidos por guanches)» desestimándose como aborigen y considerándose que es voz hispánica, detectándose existen ocho localidades más con igual nombre en la España peninsular y que es apellido corriente al Sur (TRAPERO 2007, p. 221).

Muchas fuentes sostienen que hace referencia a los lejanos Marqueses de Moya, extremo en el que todos coinciden, pero tales conjeturas se pierden cuando no aparecen documentos que relacionen a los mencionados Marqueses con el entonces grancanario lugar o aldea de Moya. Lo que sí está documentado es que cuando llegaron aquí los primeros castellanos pobladores del lugar, aquellos que recibieron tierras en el lugar, éstas ya eran identificadas en los documentos escritos con que estaban situadas en el lugar de Moya.

En relación con las distintas conjeturas sobre la relación del Marquesado con la villa canaria de Moya, traemos a colación la expuesta, entre otras, por el desaparecido presbítero de la villa de principios del siglo pasado:

«Tampoco debemos olvidar que D. Andrés Cabrera de Nibaja y Castillo, primer marqués de Moya, desde 1.480, era sobrino segundo de los célebres Capitanes Hernán García del Castillo y Cristóbal García del Castillo que, sirviendo en la conquista, con armas, criados y caballos a su costa, ganaron, con su lanza, extensos repartimientos de aguas y tierras, en Telde, donde fueron fundadores de la Parroquia, y en Moya, donde aún conservan predios valiosos sus nobles descendientes.

Este primer Marqués de Moya, al que los Reyes engrandecieron y honraron con la Alcaldía Mayor y Guarda perpetua de los alcázares y Ciudad de Segovia, y con los señoríos de Moya, Chinchón, Brunete, Bayona, Cien Pozuelos, y otros muchos estados, ─era, en aquellos días el más poderoso y autorizado ricohome del Reino,─ La Marquesa, su esposa, cuñada de Hernán Peraza, Conde soberano de la gomera, señor de las Islas del Hierro, e hijo de D. Diego García de Herrera que tan parte tuvo en la sumisión de Gran Canaria.

Y muy bien pudo ser que una indicación hecha a los fundadores de Moya, por los deudos poderosos que, en Canarias, tenían los Marqueses cortesanos, dieran este nombre a este nuevo pueblo» (MARRERO MARRERO 2015, p. 15).

El autor parece sustentar sus conjeturas o indicios (sic) en la adición del tercer apellido dado Andrés Cabrera de Nibaja y Castillo para llegar a establecer el vínculo de sangre con Hernán García del Castillo y Cristóbal García del Castillo, padre e hijo. En todas los estudios geneológicos que conocemos, en ninguno de ellos se le conoce con dicho tercer apellido Castillo, y que en el caso de Hernán García lo era por su lugar de procedencia, cuestión por la que su hijo Cristóbal García es conocido también como de Moguer. Quizás su conjetura tuviera relación con que ambos son conquenses, dado que Andrés Cabrera era hijo de Pedro López de Xibaja, fallecido en 1470, Alcalde ordinario de Cuenca, casado con María Alonso de Cabrera

«Hernán García del Castillo “El Viejo” era natural de la villa de Castillo de Garcimuñoz (Cuenca) y avecindado en Sevilla en 1440 donde vivió favorecido por el gran Arzobispo y Cardenal Pedro González de Mendoza, después Arzobispo de Toledo. Dicho prelado lo casó en Moguer (Huelva) con Teresa Martínez y allí constituyó casa y mayorazgo. Fue nombrado uno de los cinco Capitanes de Juan Rejón en la conquista de Gran Canaria. Se dice que era judío converso y para no levantar sospechas y evitar su expulsión del reino en 1492, mandó a construir la primitiva ermita de San Juan de Telde.

Su hijo, Cristóbal García del Castillo, nacido en Moguer, llegó a Gran Canaria como uno de los capitanes de la segunda expedición encabezada por el General Pedro de Vera. Fué, junto con su padre, el fundador de Telde, donde crearon una casa poderosa» (LÓPEZ-TREJO DÍAZ 2013).  

Se tiene conocimiento de los repartimientos habidos a partir de 1540, desconociéndose la totalidad o detalles de los anteriores, desconocimientos que pueden obedecer a que el Libro de Repartimientos fue objeto del expolio e incendios del holandés vicealmirante Van der Doez en 1599, y en último caso si así no fuera, porque fuera pasto de las llamas en el Ayuntamiento de la Ciudad de Las Palmas la noche del 29 de Marzo de 1842, incendio en el que desapareció buena parte de los archivos municipales.

Localización de 'Moia' en el detalle de la cartografía
de Leonardo Torriani de 1590
Los primeros pobladores de Moya responden a los apellidos Arjona, Gallego, Jahen, Luçena, Morón, Ramírez, Sánchez, Tellos y Toledo (RODRÍGUEZ CALLEJA 2002, p. 49), no mencionándose por tanto ningún apellido titular, consorte o heredero del Marquesado de Moya, pero en todos los casos, en todos los documentos, el denominador común es que su asentamiento se hace en las proximidades de Moia en la grafía antigua como la recoge Leonardo Torriani en su mapa de 1590, o en la actual grafía Moya, y en los años previos a 1501.

  Pero el paso de los seres humanos o de sus influencias en un lugar geográfico, aunque de forma deliberada se hubiere pretendido su ocultación, siempre han dejado huellas, vestigios que nos aproximan a la reconstrucción de la historia, pues si algo está demostrado es que la toponimia es en sí misma un sistema de información geográfica, que permite incluso identificar los usos y costumbres que se dieron en un lugar. Y si este lugar recibió en algún momento de la conquista el nombre de Moya, lo era porque alguien que así era llamado, mantuvo estrecha relación con el lugar.

Como dice Henry Dorion [1], el inagotable recurso de la toponimia señala nuevos caminos poco explorados, de tal forma que precisando la importancia y variedad de las voces toponímicas éstas aportarán interpretaciones distintas a la historia; es así como la investigación toponímica es de máxima utilidad y aplicación en la comprensión del origen de los nombres geográficos. Y lo hacía desde el fundamento de la toponimia se inscribe en una doble dimensión: la del tiempo, denominada memoria toponímica, y la del espacio o función toponímica.

Sucede con el topónimo de Moya, lo que manifiesta el pensamiento de Joan Coromines [2]:

«Puede pensarse que el hombre, que desde que tiene uso de razón se pregunta el porqué de todas las cosas que ve y que siente, no se preguntaría sobre el ¿porqué de estos nombres que todo el mundo tiene continuamente en los labios?»”.

Intentemos pues aproximarnos a las razones que llevaron para que la memoria colectiva del siglo XV reconociera este lugar con el nombre propio de Moya para así ir dando algunas respuestas a nuestras preguntas.


[1] DORION, Henri (Quebec 1935), prestigioso geógrafo especializado en la toponimia. Profesor de la Universidad Laval, jubilado en 1996 continúa siendo profesor visitante. Presidió el UNGEGN, Grupo de Expertos de las Naciones Unidas en Nombres Geográfico, órgano colegiado y consultivo creado por el Secretario General de la ONU para dar cumplimiento a la resolución 715 A (XXVII) del 23 de Abril de 1959 del Consejo Económico y Social. Es autor de muchos trabajos publicados en Cahiers de géographie du Québec (Revista de Geografía de Quebec).
[2] COROMINES I VIGNEAUX, J. (1998). Onomasticon Cataloniæ, Barcelona1989-1997 [1998], 8 vols. Recopilación etimológica de topónimos del ámbito catalano-hablante. El desaparecido filólogo y etimólogo es también autor entre otros del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid1980-19916 vols.


LOS MARQUESES DE MOYA
Lo primero será desvelar quienes eran los recurrentes Marqueses de Moya a los que se atribuye el topónimo. Podría inducir a error considerar que un marquesado más dentro del millar y medio de estos títulos nobiliarios que en España han existido, pero sus influencias y poderes van mucho más allá de las que proporciona el propio título por la proximidad que tuvieron a la Corona. No se trata de lo que se entiende por nobles de sangre que en el siglo XV habían heredado el título de un predecesor, su título es el premio con que los Reyes Católicos reconocen los servicios prestados a la Corona.

Marqueses de Moya ("Retrato del buen vasallo, copiado de la vida y hechos de Don Andrés de Cabrera,
primer marqués de Moya", por Francisco PINEL Y MONROY. Madrid, 1677).
Los primeros marqueses son Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla (MOLINA GUTIÉRREZ, 1989, p. 287). Andrés perteneciente a la oligarquía de Cuenca entra como camarero al servicio del futuro Enrique IV en 1451, quien ya rey nueve años después le designa mayordomo, coordinador de los demás oficios palaciegos. No es un cargo político, pero sí de gran influencia sobre el monarca. Su astucia posibilitará una espectacular ascensión social para introducirse en el estamento caballeresco y en la alta nobleza, y así en 1470 es nombrado tenente [3] del alcázar de Segovia, donde estaba guardado el tesoro real y desde el que ejerce el control de la ciudad preferida por el rey.

Beatriz procedía de una familia del grupo social de los caballeros con larga tradición en los oficios militares al servicio de la monarquía.  Serviría como camarera desde la infancia de la futura reina Isabel la Católica, hermana de Enrique IV.


El matrimonio que Beatriz había contraído con Andrés en 1467 a petición del rey a cambio de unos vasallos [4], sería decisivo para influir sobre Enrique IV con el fin de que volviera a renombrar [5] a su hermana Isabel como sucesora al trono, en detrimento de su hija Juana 'la Beltraneja'. A la muerte de Enrique en 1474, Andrés y Beatriz tomaron abiertamente partido por el reconocimiento como heredera al trono de la infanta Isabel, poniendo a su disposición los tesoros reales. Al proclamarse Isabel reina de Castilla, se inicia la guerra civil castellana por los partidarios de Juana, que se convertiría en una guerra abierta entre Castilla y Portugal, por el apoyo de de su rey a Juana, a quien había anunciado el propósito de casarse con ella.

Este decidido apoyo de Andrés y Beatriz a Isabel, así como la sofocación de un violento motín contra el tenente de Segovia, serán reconocidos por los Reyes con el otorgamiento del Marquesado de Moya.

«Durante el resto del reinado de los Reyes Católicos, Bobadilla y Cabrera no harían sino recoger los frutos de su oportuna actuación y su probada, fidelidad en los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la entronización. El agradecimiento real tomaría la forma de un amplio número de mercedes, entre las que destacan la concesión del señorío de Moya y parte de los sexmos segovianos de Casarrubios y Valdemoro, y el titulo de marqueses en 1480. Simultáneamente al proceso de promoción social expuesto y en íntima conexión con el mismo, se desarrollaría la formación del importante patrimonio de los primeros marqueses de Moya...» (MOLINA GUTIÉRREZ 1989, p.288).

Es importante destacar que el título del Marquesado es otorgado en 1480, y por tanto coetáneo a la conquista de la isla de Gran Canaria, comprendida entre la creación del Real de Las Palmas el 24 de Junio de 1478 por Juan Rejón y el cerco de la Fortaleza de Ansite el 29 de Abril de 1483, con el que se ponía fin a la resistencia aborigen siendo gobernador Pedro de Vera.

En una aproximación a la larga relación de privilegios dados por la Corona entre 1469 y 1489 a los Marqueses, sin incluir tierras, fanegas y animales, las mercedes que periódicamente recibían ascendieron a 4.771.814 maravedíes. Y además recibieron multitud de concesiones y privilegios reales, así como mercedes ocasionales por el casamiento de alguno de sus descendientes.

Pero como decíamos, estos datos son una mera aproximación orientativa, pues como manifiesta nuestra fuente bibliográfica:

«Ante todo, hemos de señalar la escasez de fuentes directas que nos permitan una reconstrucción, siquiera aproximada de los ingresos obtenidos por los marqueses de Moya por este concepto. Necesariamente, pues, ello nos obliga a movernos en el campo de las hipótesis, partiendo de los pocos datos con que contamos» (IBÍDEM, p. 295).

Ruinas del Castillo de Bobadilla en Moya
 (Oficina de Turismo Junta de Castilla-La Mancha)
Además de tierras, castillos, inmuebles, y mercedes habría de sumarse la fiscalidad en el señorío de los sexmos de Casarrubios y Valdemoro, ambas próximas a Madrid, con 1.200 vasallos; la del señorío de Moya, en la confluencia de los reinos de Castilla, Valencia y Aragón, que facilitaba el transporte de la madera de la sierra al mercado valenciano, sirviéndose para ello del cauce del río Turia, obteniendo pingües beneficios económicos generados del aprovechamiento de los pinares.

No podemos dejar de mencionar que Beatriz de Bobadilla aprovecharía la guerra de Castilla con Portugal para verse beneficiada con la obtención de una licencia para fletar una carabela a Guinea con exención del quinto (aranceles), de donde puede inferirse un gran conocimiento de los negocios que pudieran reportar las nuevas tierras atlánticas conquistadas.

Era tanto el favor que recibían de los Reyes Católicos, que la propia reina cuando suscribe el Testamento y Codicilo de Isabel I de Castilla, en Medina del Campo el 12 de octubre y 23 de noviembre de 1504, establece prerrogativas poco usuales en el testamento de un monarca cuando recoge:

«Desea que su esposo y sucesores honren y acrecienten el fiel servicio de los Marqueses de Moya doña Beatriz de Bobadilla y don Andrés Cabrera y a sus descendientes».

Conviene insistir nuevamente a modo de resumen algunos hechos, beneficios y circunstancias ya documentados: que fueron importantes actores del negocio maderero; que tuvieron licencia de carabela a Guinea, y por consiguiente, escala en Gran Canaria, tiempos en que era la única isla de realengo; y la escasez de fuentes directas manifestada por distintos autores para conocer de todos los privilegios que obtuvieron de la Corona.



[3] El cargo Tenente en el Antiguo Régimen se daba al responsable de la tenencia de un territorio, quien administraba la justicia y recaudaba los impuestos reales de los cuales retenía para sí la mitad. Con posterioridad con la normalización de los participios activos de sustantivos el vocablo quedó como Teniente como derivado del verbo tener.
4] ECHAGÜE BURGOS, J.J. (1993). La Corona y Segovia en tiempos de Enrique IV (1440-1474): Una relación conflictiva. Segovia: Ed. Diputación Provincial de Segovia, p. 100.
[5] (MARTÍNEZ DÍEZ, 2002). Manifiesta el autor que Isabel acusó de ilegitimidad la sucesión del trono en Juana la hija heredera de su hermano Enrique, pues se decía que era hija de Beltrán de la Cueva, por lo que recibió el apodo de "la Beltraneja". Tras los pactos de Guisando, Enrique consintió en la sucesión de Isabel reservándose poder elegir su marido, pues pretendía se casara con Alfonso V de Portugal. Cuando Isabel se casó con Fernando de Aragón en 1469 sin la venia de su hermano y alterando sus planes políticos, Enrique volvió a nombrar heredera del trono a su hija Juana, pactando el matrimonio de su hija con el rey de Portugal.


LOS VÍNCULOS CONSANGUÍNEOS CON CANARIAS
No se puede ignorar que la posición de influencia que ocupaban ante los Reyes Católicos, no puede pasar desapercibida para el Regimiento en Gran Canaria, sabiendo que al mismo pertenece el gobernador y la mayoría de los conquistadores en su condición de Regidores, que venían participando en la dominación de la isla para su incorporación a la Corona, con carácter de realengo, a quien corresponde su titularidad y el reparto de las datas de tierras y aguas. Como hechos concretos debe destacarse también los favores de consanguinidad en Canarias, pues Beatriz de Bobadilla, Marquesa de Moya, es tía de Beatriz de Bobadilla y Osorio, madre de Guillén Peraza de Ayala, el primer controvertido Conde de La Gomera.

Cuando el Señorío de Canarias, comprendía las islas de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, es heredado por el matrimonio formado por Diego García de Herrera e Inés de Peraza, quienes lograrán de los Reyes Católicos el 25 de noviembre de 1476 la facultad de instituir uno o más mayorazgos, facultándoles además elegir sus herederos legales.

Está acreditado que paralelamente se llevó a cabo la concertación en palacio del matrimonio del hijo heredero Fernán Peraza, y así en octubre de 1482 se casa con Beatriz de Bobadilla, hija de Juan de Bobadilla, corregidor de Madrid y alcalde del Alcázar, y, de Leonor Osorio, de la casa de Ayala (GONZÁLEZ DIEZ 2002, p. 114), a su vez sobrina como ya se ha dicho de su homónima la Marquesa de Moya. Es precisamente el pactado matrimonio de Fernán Peraza con Beatriz de Bobadilla lo que señala al primero como heredero del Señorío de Canarias, muy en línea con los matrimonios políticos y de conveniencia en el Antiguo Régimen.

En virtud de la cédula real es designado heredero Fernán Peraza, que no es su hijo primogénito sino el segundo, pero todo tiene su argumento. Las versiones que dan los cronistas sobre el mandato de la reina Isabel para el casamiento de Fernán Peraza con Beatriz de Bobadilla, sobrina de la Marquesa de Moya del mismo nombre, deja al descubierto todos los trasiegos de la época, en los que de alguna forma la Marquesa fue la mano ejecutante. Una de las crónicas (ABREU GALINDO 1977, p. 220) dice también que:

«La católica reina doña Isabel, por asegurarse de sospechas que tenía y celos, mandó a Hernán Peraza casarse con doña Beatriz de Bobadilla, sobrina de la marquesa de Moya, dama suya, hermosa en todo extremo, a quien el rey mostraba alguna afición».

Otra crónica posterior (VIERA Y CLAVIJO 1950, Tomo I, p. 523), aunque equivoca el parentesco pues la considera hermana siendo tía, nos dice:

«Hallábase por este tiempo en palacio cierta señora, adornada de los dos grandes incentivos en que consiste el ordinario mérito de una mujer, quiero decir, discreción y hermosura. Estimábala mucho la reina, porque era dama suya y hermana de la marquesa de Moya, su camarera mayor y su confidente desde la primera edad; pero como advertía que el rey se le aficionaba demasiado, tomó el partido de hacer feliz a Hernán Peraza con su mano, saliendo por medio de este destierro honroso de una rival y asegurándose así de la fidelidad de los condes de La Gomera. En efecto, las bodas de Hernán Peraza con doña Beatriz de Bobadilla se ejecutaron con aplauso y ostentación»

Torre del Conde de La Gomera (Bienmesabe-org) 
La Marquesa camarera mayor de la reina consigue alejar del rey Fernando a su homónima sobrina, también camarera de la reina, a la que se había aficionado; obtendrá para los García de Herrera-Peraza el título de Condes de La Gomera, con la condición que nombren heredero a su segundo hijo Hernán que será el marido de su sobrina, y que había acudido ante la Corte para responder de la muerte del capitán Juan Rejón en 1481. Más investigados han sido estos y otros supuestos amoríos de la sobrina Beatriz de Bobadilla que dividieron a los historiadores, a los cuales remitimos si se tuviera mayor interés (RUMEU DE ARMAS 1985).

Estos pactos de palacio, en los que tuvieron que participar decididamente los Marqueses de Moya con notable influencia sobre los Reyes, venía a facilitar además el acuerdo por el cual las mencionadas islas dejarán de ser de Señorío y pasarán a ser de Realengo, es decir, propiedad de la Corona. A cambio de esta cesión, la Corona indemnizaría los derechos de Conquista al matrimonio Peraza-Bobadilla con cinco millones de maravedíes y el título de Conde para sus herederos, pago que no se haría hasta 1490 por los problemas económicos de los Reyes debidos a los gastos por la conquista de Granada.

Fallecido Fernán Peraza, la viuda Beatriz de Bobadilla se casará con Alonso Fernández de Lugo, primer Adelantado Mayor de Canarias. Señor del Hierro y primer Conde de la Gomera sería Guillén Peraza de Ayala, hijo heredero de primer matrimonio de Beatriz, que contrajo matrimonio con su prima hermana María de Castilla, hija de Leonor de Ulloa y Bobadilla, hermana de su madre. El título sería controvertido por los pleitos habidos en el siglo XVII sobre su titularidad y los derechos sobre el mismo.

Resultaba obligado dar cuenta de estas noticias sobre acuerdos de matrimonios por intereses y por negocios, para conocer de los vínculos e influencias que los Marqueses de Moya tendrían en las islas, que favorecerían probablemente sus negocios en Gran Canaria que pudieron concretarse entre 1483, año en que es totalmente dominada la isla, y  en los siguientes a 1501:

«...año en que el concejo de Gran Canaria obtuvo licencia para imponer un arancel sobre la madera exportada, impuesto que no tuvo trascendencia, ya que rápidamente la isla se convirtió en deficitaria, a pesar de esa traba a la exportación» (AZNAR VALLEJO 1983, p. 110).

LAS MADERADAS DE LOS MARQUESES DE MOYA
Gancho maderero 
El origen de la madera que bajaba por el río Turia o Guadalaviar hasta Valencia está en su gran mayoría en el Marquesado de Moya, principal zona abastecimiento situada en la zona nororiental de la provincia de Cuenca, lindando con Valencia [6]. Moya aparece en la documentación medieval como el mayor suministrador de madera que compraban los constructores y carpinteros de Valencia.

El transporte fluvial de la madera se hacía por piezas sueltas, más económico y sencillo que el sistema de almadía utilizado en el río Ebro donde los troncos se unían unos a otros para su transporte flotando. El sistema de transporte por piezas sueltas utilizado para el traslado de la madera de la Moya conquense requería mucha mano de obra y un alto grado de destreza, hasta el extremo que asombraba ver cruzar los grandes troncos de pinos por arroyos con tan escaso caudal de aguas que parecería imposible que así llegaran a su destino en condiciones para con ellos confeccionar vigas para edificios, palos mayores para las embarcaciones, tablones para la construcción.


Tabladas de la maderada
(Asociación de Gancheros de Priego)
Los largos troncos talados eran transportados en carretas o arrastrados por caballerías, arte entonces conocida como ajorrar [7], hasta los márgenes de los arroyos donde eran tumbados. Allí eran protegidos durante un tiempo mientras purgaban para que pudieran flotar mejor. La conducción por el río era la operación más compleja de todo el proceso, pues debido al escaso caudal y lo accidente del lecho de los ríos, eran dirigidos desde la orilla con la ayuda de bicheros o ganchos.

Los gancheros eran los operarios especializados en la conducción de la madera por piezas sueltas. No solían bajar de un centenar que se situaban a lo largo del río por el que bajaban cada día un buen número de troncos. La cuadrilla perfectamente organizada era mandada por un jefe, llamado maestro de río, que dada su responsabilidad para ganar la confianza del dueño de la madera y por el éxito de la maderada, estaban ligados a clanes familiares con muy buena retribución.

Para la conducción de los troncos se precisaba construir con la misma madera las obras de ingeniería necesarias para facilitar el paso de la maderada: encauzamientos, lechos de tabladas y asnadas. Los encauzamientos se hacían cuando el caudal era muy corto, el lecho poco profundo ó debían salvarse piedras en medio del cauce, lo cual resolvían clavando a ambas orillas unos maderos llamados tientos, sobre los que se apoyaban otros en sentido horizontal a modo de canal artificial para el paso de los troncos.


Maderada por piezas sueltas
(Asociación de Gancheros de Priego)
Los lechos de tabladas eran algo así como acueductos de madera que eran construidos en altura para salvar las acequias o represas que se encontraban a lo largo del recorrido de la maderada. Las asnadas eran unas pequeñas represas construidas con maderos que atravesaban el cauce con el objetivo de frenar la bajada de los troncos si aumentaba el caudal por lluvias tempestuosas, para así minimizar los golpes de los troncos que lo deterioraban o rompían. Por estas razones siempre utilizaban preferentemente arroyos o ríos poco caudalosos, y no eran apropiados los ríos bravos de gran caudal, con rápidos y aguas impetuosas que producían enormes mermas en los troncos que serían rechazados por los compradores.

También se realizaban obras de ingeniería mixtas, encauzamientos y lechos de tabladas con el objeto de salvar las cascadas y saltos de agua naturales situados en el recorrido de la maderada, en donde los troncos eran lanzados por el canal artificial construido con madera en plano inclinado.

Cuando los troncos llegaban a Valencia, aunque la mayoría de ellos eran adquiridos por constructores y carpinteros del lugar, otros eran embarcados para su traslado por mar a otros lugares. 


[6] PIQUERAS HABA, J. y SANCHIS DEUSA, C. (2001). "El transporte fluvial de madera en España", Cuadernos de Geografía, núm. 69-70. Valencia: Ed. Universitat de València, pp. 127-162.  p. 150.
[7] (PÉREZ HIDALGO 2010, p. 84): Ha dado lugar en Gran Canaria al topónimo ‘Lomo Ajorradero’ en el término municipal de San Mateo, hoy en día alterado por corrupción como Lomo Aljorradero.


LA APRECIADA MADERA DEL BOSQUE DE DORAMAS
Podría llegarse a la falsa conclusión que el aprovechamiento de la madera en Gran Canaria es un negocio menor que no debe atraer a un Marquesado que dispone de grandes ingresos por mercedes y dádivas reales, por la fiscalidad de los señoríos, con un excelente negocio maderero, con bajo coste de traslado, con venta segura al ser muy demandado por los comerciantes y contratistas de Valencia.

Los tres 'reyes' de la madera canaria (composición del autor)
Debe tenerse en cuenta que el llamado monte de realengo en el siglo XV, exento de repartimientos y por tanto propiedad de la Corona, alcanzaba una superficie de 3.700 fanegadas y abarcaba territorios de los actuales municipios de Firgas, Guía, Moya y Teror (SUÁREZ GRIMÓN et QUINTANA ANDRÉS 2008, p. 593).

Pero esta teoría del desinterés no se sostiene, pues la realidad del siglo XV es muy distinta. La madera del negocio del Marquesado es el producto de la tala de pinares en la Serranía de Cuenca, y aun habiendo pinares en algunas zonas del bosque de Doramas son las especies madereras nobles que se encuentran exclusivamente en Doramas. Descubramos algunas especies que habitaban en esta joya botánica de la selva de Doramas del siglo XV y sus aprovechamientos.

El Barbuzano (Apollonias barbujana), árbol de laurisilva de gran porte y de madera sólida e incorruptible, con un tronco grueso podía alcanzar los veinticinco metros de altura (LOBO CABRERA, SANTANA PÉREZ et RODRÍGUEZ PADILLA 2007, p. 62). Además de los aprovechamientos en ebanistería y fabricación de muebles. Fue llamado el "ébano de Canarias" y era muy apreciado para la construcción de canales para acequias, vigas y ejes de lagares, prensas y molinos, y mástiles de barcos.

El Paloblanco (Picconia excelsa), árbol de laurisilva casi exclusivo de Doramas, madera de gran solidez e incorruptibilidad, con un tronco entre 30 y 60 centímetros de diámetro que alcanzaba una altura de quince metros (IBÍDEM, p. 72). Decía Viera y Clavijo que era competidora del acero para ejes de carreta, aperos de labranza y otros utensilios que exigían mayor firmeza.

El Viñátigo (Persea indica), árbol de laurisilva, de madera de color rojo pardo, tronco corto, recto y corteza gris-oscura y fisurada, alcanzaba hasta los veinte metros de altura (IBÍDEM, p. 80). Fue muy usada para la fabricación de embarcaciones.

Son tres especies que los castellanos sólo habían encontrado en la isla de Gran Canaria, la única que por aquellos años ya estaba totalmente conquistada e incorporada a la Corona de Castilla como tierras de realengo. Las restantes islas, unas estaban aún siendo conquistadas y otras pertenecían al Señorío.

Traslado y embarque de los troncos
Su mejor aprovechamiento era talar los troncos y trasladarlos sin más cortes para su embarque. La orografía de la isla, con barrancos radiales desde el centro de la isla hacia las costas, impedía el traslado por tierra de los gigantescos troncos al puerto de Las Isletas pues el acarreo o arrastre por animales debería salvar multitud de barrancos con sus rampas por el complicado relieve. Toda la gran cantidad de madera que se utilizaba para los ingenios azucareros existentes en la isla, lo fueron en gran medida de especies arbustivas o árboles troceados, y en todo caso siempre se abastecían de los lugares más cercanos a la ubicación del ingenio.

Con estos impedimentos, la mejor solución era su traslado a la costa más cercana a Doramas, la costa de Layraga, pero el más antiguo método el ajorrar los troncos con bestias era de coste elevadísimo y causaba la merma y rotura de la madera por la fricción en el desplazamiento por arrastre que condicionaba su mejor aprovechamiento.

Es en este escenario cuando según nuestra hipótesis de trabajo surgiría el negocio de los Marqueses de Moya en Gran Canaria: el transporte fluvial. De los tres barrancos que atraviesan el corazón del antiguo bosque de Doramas, se verán obligados a descartar dos de gran caudal: el Aumastel o Azuaje y el que más tarde será conocido como de Moya. El primero penetra hasta el centro de la Isla y son muchos los tributarios que aportan cantidad de agua, estrechándose aguas abajo con grandes rampas que hacen difíciles las maderadas con éxito. El segundo también llega al centro de la Isla y aguas abajo por un estrecho corredor donde se le unen dos importantes tributarios, para luego salvar por una escotadura un escalón de 200 metros (BRAVO EXPÓSITO 1964, Tomo II, p. 135). No son los idóneos en base a su experiencia y quedan descartados, quedando como última opción un pequeño barranco entre los dos anteriores.

EL BARRANCO DEL PAGADOR
Mapa con recorrido del barranco aguas abajo
 (IDE Instituto Geográfico Nacional)
La conocida por los geógrafos como Cuenca de El Drago, es una pequeña cuenca de unos seis kilómetros, que nace en la Montaña de Doramas, encajándose a partir de la Montaña del Drago y desembocando por Pagador (BRAVO EXPÓSITO 1964, Tomo II, p. 136).  Siguiendo la costumbre de la isla, el barranco aguas arriba va tomando prestada la denominación del lugar que atraviesa, y así es llamado en la costa norte por donde desagua como barranco del Pagador y aguas arriba del Drago, terminando en su cabecera actual como barranco de Pajaritos. Hablamos por tanto de un pequeño barranco ubicado entre las cuencas de Moya y de la Virgen, ésta última por donde discurre el barranco de Azuaje, prácticamente las mismas fronteras que tiene el territorio del municipio de Moya, que es colector directo al mar y por consiguiente no es tributario de ningún otro barranco.

Su actual lugar de nacimiento en la Montaña de Doramas es posiblemente el efecto de la desforestación antrópica [8] iniciada en el siglo XV. Esta cabecera era una de las puertas de entrada al gran bosque de Doramas que nos describen las crónicas:

«Entre las cosas dignas de mencionarse está la montaña de Doramas, que, mirando hacia el Norte, tiene aguas fresquísimas, cerros amenos, y sitios extraños y cuevas toscamente hechas, y varias clases de árboles en número infinito, que con sus excelsas cimas parecen rebasar el término de su crecimiento; los cuales crían sombra a los prados, a las yerbas y a las fuentes que allí se hallan, de tal modo, que no sólo parece ser la famosa montaña de Ida, sino que parece como si reuniese en sí a todos los dioses del Parnaso y de la Arcadia» (TORRIANI 1939, p. 91).

Mapa con recorrido del barranco aguas arriba
(IDEE Instituto Geográfico Nacional)
Dice el Plan Rector [9] que «A lo largo de la parte más meridional del espacio se localizan Montaña del Lentisco y Montaña de Pajarito así como, Lomo de Roque, de La Madrecilla y el Barranco del Chorrillo». 

Respetando las reglas toponímicas habrá de concluirse que el barranco de los Pajaritos nacía antiguamente en la Montaña de su nombre en los altos de Fontanales, tomando prestado de la misma su nombre como era y es acostumbrado. Si observamos el cauce del barranco, su nacimiento es confuso y desdibujado en la zona de Corvo, formándose en las rampas de las laderas cultivadas y su proyección natural nos adentra en las tierras que fueron roturadas en el pasado. La data real de Fernando VII al Mariscal de Campo Francisco Tomás Morales en el siglo XIX, que dio origen al lugar conocido como San Fernando donde tuvo su hacienda, desencadenó la entrega de tierras en los baldíos de realengo de la Montaña de Doramas a partir de la creación de los ayuntamientos constitucionales en dicho siglo.

En la actualidad es poco frecuente contemplar que el cauce de este barranco lleve agua al mar, aunque en enero de 2011 aconteció tal temperie que llevó agua durante una semana. Los dos grandes barrancos entre los que discurre, al naciente el antiguo barranco de Aumastel de los canarios, de Azuaje a partir del siglo XVI, y al poniente el barranco de Moya, desde los primeros tiempos de la conquista llevaban abundante agua al mar durante todo el año siendo difícil vadearlo en el Camino Real de Gáldar. A mediados del siglo XIX, pese a la avanzada deforestación de la isla, aún llevaban grandes caudales en las estaciones de lluvias, como queda constancia en un expediente eclesiástico que se sigue para estudiar la posibilidad de constituir parroquia en la Costa de Lairaga de 1856. Al referirse a estos barrancos se dice por los vecinos:

«…que la Parroquia debía ponerse más bien en San Andrés que en San Lorenzo, porque en aquel pago no hay sitio que el mar no domine casi todo cada vez se embravece; (...) que es verdad existen dos barrancos de consideración en el tránsito de San Andrés a San Felipe, pero que en diez años que hace se haya avecindado en este pago, no ha visto haya un día que dejen de pasar las gentes de una a otra parte ».  

Y el presbítero comisionado al efecto, hace suyo el comentario en su informe al Prelado concretando:

«…pero construirla donde está la Ermita de San Lorenzo sería poner una Iglesia para que estuviera siempre aislada, pues uno y otro lados de la Ermita se ven con frecuencia inundados por el mar; y, además, los dos barrancos denominados de Azuaje uno y otro de Moya, traen muchas aguas en el invierno» (CABALLERO MUJICA 1973, p. 318).

En una descripción superficial de su recorrido aguas abajo se observa que cuando su cauce atraviesa el pequeño valle de las tierras del Curato y Vínculo de Solís, donde es próximo a Carretería, en cuyo tramo recibe el nombre de Barranco de Las Nocas forma unos curiosos, pequeños y deliberados meandros, como si se hubiera forzado su zigzaguear para remansar las aguas antes de alcanzar el salto de aguas significativo en El Lance, donde el relieve tiene una diferencia de cotas al pasar de los 403 metros a los 307 metros de altitud, aproximadamente unos cien metros de altura.

Después de pasar Los Dragos, como ya se ha dicho el barranco se encaja, y en su margen de poniente se conserva un antiguo Camino de Herradura conocido como Camino de la Cueva que iniciándose en Los Dragos llega a El Pagador. Cuando desagua al mar, en el lugar conocido como La Barranquera lo hace al naciente de El Roque. Al poniente de dicho caserío desagua el pequeño barranco del Salado.


[8] Proceso de desforestación ocasionado por la actividad humana.
[9] CONSEJERIA DE MEDIO AMBIENTE Y ORDENACIÓN TERRITORIAL DEL GOBIERNO DE CANARIAS, Memoria Descriptiva del Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Rural de Doramas, 2004.



INTERPRETACIÓN DE LOS TOPÓNIMOS
Para llegar a la definición de esta hipótesis de trabajo sobre la presencia de los Marqueses de Moya, o de sus negocios, en la grancanaria Moya y acreditar que recibió de los mismos su nombre creando así el topónimo, recurrimos a estructurar un sistema de información a partir de topónimos localizados junto al cauce del Barranco del Pagador, que nos aproxima a los usos y oficios que dieron lugar a los mismos, para después contrastarlos con la información aportada por distintos historiadores. Concurren en la cuenca del repetido barranco los siguientes topónimos en dirección descendente de las aguas:

1) Carretería
En el siglo XV posiblemente fue el asentamiento de población más próximo al bosque de Doramas. Su denominación es bastante clara según la quinta acepción del DRAE «Lugar donde antiguamente pernoctaban al aire libre las carretas de transporte, en los arrabales o afueras de una población ». Prescindimos que estuviera en los arrabales de la población, aunque en la actualidad se cumpla tal condición, y nos detenemos en su ubicación en la proyección natural del Lomo de Don Julián, un lomo por el que se accede directamente a Doramas.
 
Meandros del barranco a su paso por Carretería
(Ortofoto IDE Gran Canaria)
Nos sugiere que bajo las calles asfaltada de hoy, y de los tramos no asfaltados, en dirección a la carretera Moya-Fontanales (GC-075) se encuentran antiguos caminos, conocidos como "a San Fernando", "de la Zarza Gorda", "de la Josefa", "de Doramas" y otros más, que nos trazan las huellas del trasiego de las carretas de las leñas para los ingenios azucareros y de los arrastres de los pesados troncos.

La hipótesis que se sigue es que hasta este lugar eran ajorrados los troncos y luego tumbados en la margen naciente del barranco, durante un tiempo purgados, para meses después ser puestos sobre el barranco cuando llevaba agua, en pequeños meandros que construyeron para remansar las aguas, e iniciar su transporte ayudado por los gancheros.

En relación con el asentamiento poblacional se tienen noticias ciertas que Jerónimo Viñol había comprado a Alonso de Mendoza una casa de la Carretería, que el 30 de mayo de 1612 su hijo heredero el regidor Gil de Quesada donaba para la creación de un convento dominico dotado con dos frailes que no llegó a fundarse (SUÁREZ GRIMÓN et QUINTANA ANDRÉS 2008, p. 824). Son importantes los nexos "de la" que se anteponen al topónimo de Carretería, pues vienen a avalar que tiene su origen en los usos dados al lugar. 

2) El Lance
Topónimo que nos aproxima a la tarea que allí se realizaba con los troncos que bajaban por el barranco. Como ya se ha dicho, el relieve tiene una diferencia de cotas al pasar del nivel de los 403 metros a los 307 metros de altitud, aproximadamente unos cien metros de altura. Para salvar este desnivel se supone construyeron alguna obra de ingeniería mixta, para encauzar los troncos a través de tabladas, en plano inclinado suavizando el descenso de los troncos por el barranco, posiblemente ayudados por los gancheros y las bestias para evitar el deterioro de los troncos.

Salto del Lance (Google Earth)
Aunque el Diccionario de Canarismos (ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA 2010) dice del vocablo "lance" que es «Cada uno de los tramos de madera o hierro que forman el cerco de una majada», está documentado que el topónimo ‘lance’ en distintos lugares de la isla está asociado a la explotación maderera de nuestros bosques. Entre ellos el Lance de La Cruz en Agüimes, de Juan Vélez en El Carrizal, del Aumastel, de Palenzuela y de Talgordo los tres en Azuaje, de Jaimez en El Palmital, de Montaña Bermeja entre Bascamao y Montaña Alta, y de Misbique en el Valle de Agaete (LOBO CABRERA, SANTANA PÉREZ et RODRÍGUEZ PADILLA 2007, pp. 171-174).

3) Camino de Los Dragos - La Cueva
Ortofoto del camino (IDE Gran Canaria)
Camino de tierra apisonada que discurre paralelamente al poniente del cauce del barranco del Pagador desde Los Dragos hasta El Pagador. Aún cuando en la actualidad tiene diferencias de cotas con respecto a la margen del barranco, pudiera que la servidumbre de paso fuera alterada con el paso de los años y siglos por la roturación de las tierras en las márgenes, concretamente porque el pequeño caserío allí asentado optó por separarse de las repetidas márgenes huyendo de las potenciales crecidas.

Es el caso donde el camino enlaza con la cuesta que baja en dirección a la desaparecida Cueva que originó el topónimo, ahora con pavimento hormigonado para el acceso de los vecinos. Arriba en el inicio de la cuesta, en su banda de poniente el barranco tiene un fuerte tajo vertical de unos veinte metros o más, frente junto a los ‘guinderos’[10] situados en la margen de naciente junto al sendero que sube a Lomo Blanco.


En nuestra hipótesis de trabajo se hacía necesario un camino paralelo al cauce por donde transitaran los gancheros para conducir los troncos en su descenso, que luego enlazaría con el desaparecido Camino de El Molino junto al cauce final por donde ya desagua el barranco en la costa. El cauce del barranco en el tramo final era vadeado por el Camino Viejo (camino Real a Gáldar), en la actualidad asfaltado como calle de Acceso a La Barranquera y El Altillo.

4)  Puerto de El Lance de la Madera
Primeramente hay que entender que en los primeros siglos de la conquista de la isla eran llamados puertos las desembocaduras de barrancos o barranquillos que debido a su configuración geomorfológica conforman playas y caletas de arena al soco de los vientos. Los barcos fondeaban hasta donde el calado lo permitía y con lanchas que llegaban hasta la playa o veriles, se realizaban las faenas de carga y descarga. Se valoraba que dispusiera de agua potable, imprescindible para surtirse de la embarcación, tarea que era denominada ‘aguada’ y la proximidad a los lugares de cultivos y aprovechamientos.
 
El Varadero, antiguo Puerto del Lance de la Madera (hachePH)
En este caso, habrá que entenderlo donde desagua el Barranco del Pagador y los troncos serían conducidos flotando hasta las embarcaciones fondeadas. En el lugar conocido como La Barranquera, existe una ribera de mar en la playa de callados llamada El Varadero [11], identificada en la cartografía histórica de 1806 de la que es autor el vasco José Ossavarry Acosta, tamaño 71,5 x 48 centímetros (BÉTHENCOURT MASSIEU 1994, p. 672), quien incluye la leyenda "P. de la madera", diciéndo de la minuciosidad de su confección en cuanto a la línea costera que:

«Da la impresión como si para su trazo hubiera tenido en cuenta la opinión de marinos o pescadores, que al contemplar las costas desde puntos más cercanos, tienden a acentuar los accidentes más sobresalientes. Sin embargo, hay que señalar la abundancia de topónimos costeros, lo que parece confirmar la hipótesis anterior, y su correcta ubicación».


Este pequeño varadero queda situado entre El Roque al poniente y El Altillo al naciente, en paralelo al Camino Viejo y en lugar conocido como La Barranquera como ya se ha dicho. Cabe reseñar además que muy cerca de la desembocadura, en la banda derecha existía una desviación hacia una antigua 'charca' que llegaba hasta la ribera del mar, que pudiera haberse construido para retener los troncos hasta tanto pudieran ser arrastrados por alguna embarcación en dirección a Las Isletas.

Detalle del mapa de Ossavarry,
 leyenda señalada con punto rojo.
Posiblemente aquí puede situarse el puerto de Agumastel, por donde Diego de Silva trató de sorprender al Guanarteme. Algunas fuentes sitúan dicho en la playa de San Felipe, hoy conocida como de Vagabundo y anteriormente como La Caletapero sus condiciones son complejas por las corrientes marinas, poco adecuadas para fondear embarcaciones, además de estar bastante más alejada de la desembocadura del antiguo barranco de Aumastel, del que recibe la denominación, el actual Barranco de San Andrés o Barranco de Azuaje aguas arriba.

En cuanto a sus condiciones específicas para los mareantes en la antigüedad tenemos la siguiente referencia documental:

«Puerto de El Lance de la Madera, Barranco de Pagador, Moya. Pequeña ensenada situada entre El Roque al Oeste y La Laja del Lance-El Altillo al Este, abierta a los vientos del Noroeste, Norte y Noreste. Las únicas menciones que tenemos al Puerto de El Lance son de Sosa (1678-88/1994: 60) quien comenta que sólo era utilizado cuando hacía buen tiempo, y en el derrotero de Varela y Ulloa (1788/1986: 7) que lo incluye entre las ensenadas» (MEDEROS MARTÍN et ESCRIBANO COBO 2002, p. 373)».


[10] ACADEMINA CANARIA DE LA LENGUA: 1. m. (Prunus cerasus) Árbol de la familia de las rosáceas cuyo fruto es la guinda (DRAE: guindo).
[11] CABILDO DE GRAN CANARIA, IDE Sistema de Información Territorial.


LAS REFERENCIAS DOCUMENTALES

Toda interpretación toponímica requiere sea ratificada citas documentales, en las que de alguna forma se acrediten los vestigios históricos sobre la actividad, las particulares específicas y la localización. Traemos a colación algunas de las mismas que alejan todas las dudas, si bien situadas en tiempos posteriores por las pérdidas de los documentos de fechas anteriores por las causas apuntadas al principio. En un primer bloque incluimos las referidas documentalmente a una fuente bibliográfica (LOBO CABRERA, SANTANA PÉREZ et RODRÍGUEZ PADILLA 2007, pp. 212-213):

1) Testamento de Juan Miguel, vecino de Moya, de 11 de Julio de 1567 en el que declara:

a) Una deuda que tuvo con Lorenzo Pérez, genovés, mercader, y para saldarla «le dió puesto en el lance que dicen de la madera en el Aumastel, 50 jubrones [12] a tres reales cada uno, y otros 50 que le dio en esta ciudad que trajo la barca de Origuela, a 65 reales cada una».

b) Que cortó en la montaña de Doramas para el gobernador Hernando Rodriguez «100 vigas grandes de 22 pies y 4 palos grandes de 25 pies para la fortaleza de la ciudad, los cuales cortó y entregó, y se le debe el corte, servicios y hacer camino para sacarlas que son 208 reales».

c) Que le debe a Anastasia de la Mora, viuda de Juan Bautista Casaña «2 doblas de resto de una prensa que le cortó y echó a la costa de Aumastel».

d) Y a Pero González de Timagada «3 doblas de resto de una prensa que le puso en la costa de la mar».

2) Contrato de 20 de Febrero de 1569, por el que García Carvajal , vecino de Moya, como principal, y Francisco de Azuaje, vecino, su fiador, se obligan a cortar en la Montaña de Doramas para Juan de Zurita y Juan Tello, vecinos de Telde, «otras 50 vigas de la misma vitola de gruesa -iguales a las que ya cortó y entregó- salvo que han de tener 19 pies de cumplido, 50 jibrones de 20 pies que sean buenos. Se los dará cortados y puestos en el puerto de la madera de Telde por fin de junio de este año».

3) Contrato de 26 de Septiembre de 1575, por el que Hernando Melero, Bernaldiánez, Cristóbal Calvo y Diego Hernández, vecinos de Moya, se obligan con Rodrigo de Mesa, escribano público, a cortarle en la Montaña de Doramas «250 palos: 125 viguetas de 22 pies antes más que menos, y los otros 125 jibrones de a 20 pies, y conforme al cumplido y grosura de manera que antes pequen de gruesos que delgados, que sean buenos y derechos de palo blanco y barbusano, y más 100 tijeras de 14 a pies derechas de palo blanco y barbusano. Cortarán la madera bajo las licencias que le ha de dar, y cortada, con yuntas se la entregarán en el lance de la madera que dicen de Moreto a la lengua del agua en cargadero donde la pueda tomar y cargar la barca que por ella lleven, por precio de 2 reales y 6 maravedíes por vigueta y por cada jibrón otro tanto, y a 36 maravedíes por las tijeras, y lo que monta el dicho precio más 10 reales que le ha de dar nuevos monta 29.580 maravedíes».

También los cronistas se ocupan de mencionar los usos y destinos de la apreciada madera:

«para otras fábricas de navíos y edificios de casas, y aún hasta los reinos de España embarcaban sus maderas mayormente el barbusano y el palo blanco, por ser de los más fuertes que ha topado la experiencia para los ejes de carretas, carros y demás invenciones de cargas. Y también llevan mucha para husillos y otros palos de que necesitan los molinos de aceite» (SOSA 1943, p. 9).

Ortofoto de El Pagador, El Roque y La Barranquera
en la Costa de Lairaga (IDE Gran Canaria)
De los historiadores modernos entresacamos frases alusivas a estas actividades (LOBO CABRERA, SANTANA PÉREZ et RODRÍGUEZ PADILLA 2007, pp. 105, 107, 123). Se habla de las comunicaciones de la isla con el exterior se asienta aquello que es incontestable para dicha época, que «el único medio posible era el transporte marítimo, que bien se importaba o se construía in situ», se reconoce la actividad de los arsenales «la amplia tradición constructora que se remonta desde los primeros años de la conquista hasta la actualidad», así como los lugares donde se ubicaban «Por lo que se refiere a los lugares se construyen destaca la ciudad de Las Palmas y sus inmediaciones como el puerto de La Luz, siguiéndole en importancia la costa norte de Gran Canaria, en concreto la costa de Lairaga y Juncal, justo donde la madera apta para construcción de embarcaciones estaba más accesible por la proximidad de los bosques» (SANTANA PÉREZ 2001, p. 26) pero la materia prima sobresaliente era de Doramas «Entre ellas destacaba el viñátigo y el barbusano, no solo apreciados por su altura, sino también por la calidad de su madera y su resistencia a la podredumbre del agua».

Pero sus destinos no eran exclusivamente la exportación en bruto a los reinos de Castilla, es decir en palos y vigas, pues también «El papel de escala del Archipiélago hizo que naves de todo el Atlántico aprovechasen la madera grancanaria, entre ellas las de los grandes conquistadores de América, como le sucede al mismo Colón», y aunque se establecieron prohibiciones a la exportación en 1501 como ya se ha dicho «cuando éstas se producen participan en ellas normalmente autoridades importantes de la isla como el mismísimo gobernador Diego de Melgarejo».

Son distintas las fuentes que han estudiado el transporte marítimo como alternativa al transporte terrestre por los problemas derivados de la especial orografía de la isla, y especialmente la madera bruta, que por su dimensión y peso que hacía indispensable de utilizar los distintos pequeños puertos históricos de la costa para su traslado a la Ciudad «Conocemos a este respecto, cargamentos de madera remitidos en barcos y carabelas desde el Ayraga y la Aldea de Nicolás hasta Las Isletas y el Arrecife de Las Isletas» (AZNAR VALLEJO, GONZÁLEZ MARRERO et LARRAZ MORA 2000, p. 2.246).

Y como no de protocolos que acreditan la construcción naval en la costa moyense «En marzo de 1645 el capitán Diego Pérez Machado, vecino de Las Palmas, dio poder para vender 1/3 del navío que se había estado fabricando en la costa de Lairaga» (SANTANA PÉREZ 2001, p. 26) [13].


[12] (ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA 2010) p. 180. «jibrón. m. Madero que va de la viga cumbrera a las soleras laterales». Jubrón es posible que sea una corrupción de jibrón.
[13] Nota 46: A.H.P.L.P., GONZÁLEZ PERERA, Baltasar, leg. 1.224, Gran Canaria, fol. 22 r.


EL TESTIMONIO DEFINITIVO
Desgraciadamente no se ha localizado ningún documento acreditativo de que esta hipótesis de trabajo se convierta en un testimonio definitivo de su certeza del origen del nombre de Moya. No es extraño que sea así, pues determinados negocios se mantuvieron ocultos, máxime cuando los Marqueses de Moya fueron la envidia y la ira de toda la nobleza de la época, que consideraba que el trato que la Corona les daba y las mercedes aseguradas no eran equitativas.
 
Detalle del Testamento de Isabel La Católica
 (Archivo General de Simancas
Ministerio de Cultura).
La preocupación de la Reina Isabel por el futuro devenir de los Marqueses, la manifestó en el testamento real [14], y su protección es un mandato universal, que incluye al Rey y a su hija:

«e así los encomiendo mucho al rey mi señor e a la prinçesa, mi muy cara e muy amada hija, para que a ellos e a sus desçendientes honrren e acreçienten como sus leales e agradables serviçios lo mereçen».


 
Y ante las dudas de legitimidad por las reclamaciones que pudieron llegar a la Corona, manda igualmente su compensación:

«E si se hallare que no ovo lugar ni les podimos hazer la dicha merçed, mando que en tal caso luego sea fecha emienda e equivalençia de la dicha villa de Moya a los dichos marqués e marquesa, en otra villa e tierra e lugares e vasallos e rentas de lo que asi avemos ganado en el reyno de Granada, donde se puedan yntitular e yntitulen marqueses, con su jurisdiçión e mero e mixto imperio e rentas e señorio en tanta summa e valor, como lo es la dicha villa de Moya e su tierra e término e jurisdiçión e señorío, cunpliéndoles sobre la villa que así les fuere dada, la renta e valor de la dicha villa de Moya, por manera que ninguna cosa abaxen ni pierdan ni diminuyan de su estado, antes reçiban ventaja e acreçentamiento».

Son convincentes las interpretaciones que del testamento de la reina se han hecho:

«La ciudad de Segovia no vio con buenos ojos aquella donación regia, que le supuso una merma en cuanto a su jurisdicción. Paralelamente nos consta que Andrés Cabrera, el señor de aquellos lugares, desarrolló una política expansiva por el ámbito segoviano. La gravedad que llegaron a alcanzar aquellos actos derivaron en el hecho de que la reina Isabel revocara en su testamento las mercedes concedidas a Andrés Cabrera en las tierras segovianas» [15].

No resulta extraño por tanto se hiciera por los Reyes una merced oral, no escrita, para el aprovechamiento de la madera de los bosques de Doramas. Quizás la única referencia escrita que relacione a los Marqueses con la madera de Doramas, es en una cepa de la torre residencia de su sobrina en La Gomera:

«Sirva de ejemplo la Torre del Conde de La Gomera la cual, a pesar de sus sucesivas remodelaciones, conserva una robusta cepa tallada en tea sobre la que apoyan las tres plantas del edificio» (AZNAR VALLEJO, GONZÁLEZ MARRERO et LARRAZ MORA 2000, p. 2253).

Y sigue dando la fuente los detalles de la misma:

«La morfología de la cepa utilizada en la torre no queda descrita en la fuente [16], por lo que debemos inferirla de los escasos elementos que se mencionan. Los más significativos son las "aspas de la cepa", elaboradas con 14 maderos de "valgusano", cantidad cortada expresamente para tal fin a la que seguramente podamos añadir otros 33 maderos de la misma especie que figuran en otro asiento cercano. En ambos casos, la madera se taló "en la montaña" y fue arrastrada hasta una costa acantilada donde se arrojó a la mar para ser llevada posteriormente a Las Isletas. Allí se labraron dichas aspas para lo que se contrató expresamente a carpinteros y aserradores. Siguiendo el modelo constructivo bajomedieval de un tipo de torre como la que nos ocupa, las aspas se adosaban a la cepa y constituían la estructura portante de la misma, sin que podamos detallar el engarce entre ambos elementos ni su aspecto general».

La atribución del topónimo grancanario de Moya a algún vínculo con los Marqueses de Moya es un argumento sostenido por la gran mayoría de los historiadores. Cuando situamos nuestra hipótesis de explotación directa o indirecta de la madera del bosque Doramas por el Marquesado entre los años 1483 y 1501, no colisiona con los argumentos ya admitidos como que «zonas como Moya, con favorables condiciones agrícolas, apenas si tuviera relevancia dentro de la economía insular hasta comienzos del siglo XVI» (SUÁREZ GRIMÓN et QUINTANA ANDRÉS 2008, Vol. II p. 592) y es a partir de 1501 cuando se producen los primeros repartimientos de tierras en los límites de la Montaña de Doramas por el gobernador Lope Sánchez de Valenzuela.

Y es que además, el nuevo siglo XVI no será bueno para los Marqueses de Moya. En el inicio del mismo, es conocida la primera demanda que nace en la isla en relación con el aprovechamiento maderero, su exportación y el sostenimiento de las haciendas locales, que pudo hacer desistir a los Marqueses de Moya o personas interpuestas de seguir con el negocio.

«El Ldo. Diego Fernández de Valera hubo de rendir un nuevo informe en virtud de los ordenado por otra Real Cédula de 26 de julio de 1501, la tercera de las que llevan dicha fecha, marcada por nosotros con el número XII. A requerimiento del Concejo para que se estableciera un impuesto sobre la exportación de la madera de esta isla, en beneficio de los propios, emitido favorablemente el informe pedido, los reyes acceden a la petición y autorizan el establecimiento de un moderado gravamen. 

La finalidad de esta disposición real fué, como queda advertido, nutrir los fondos del Municipio, tan carente de ellos; pero se perseguía, además, indirectamente, la protección a nuestros montes. Como sostiene Zuaznávar se exportaba desde esta isla gran cantidad de madera para Lanzarote, Fuerteventura y Berbería. Ello constituyó un serio peligro para nuestra riqueza forestal y contribuyó, ─junto con las talas de grandes extensiones de terreno para ser dedicadas al cultivo y en unión del exorbitante consumo de leña que hacían los ingenios─, que muy pronto nos convirtiéramos de exportadores en importadores y a que fuera preciso tomar medidas salvadoras. De todo nos ocuparemos en el lugar oportuno» (CULLEN DEL CASTILLO 1947, p. XLI).

Pero no fue la protección de los bosques lo que movía tal petición, pues el negocio se retomó por los estantes en el lugar, soportando el arancel establecido.

«Con el tiempo aumentó el número de ingenios en forma extraordinaria, llegando a contarse unos diez y ocho en pleno producción. ¡Juzguese la exorbitante cantidad de madera que tales ingenios habían de consumir! Y si a ello añadimos las tales constantes para fabricar las viviendas de esta isla y las de Lanzarote y Fuerteventura ─-que carecían de bosques─- y las exportaciones a Berbería, limitadas por la Real Cédula de 26 de julio de 1501, aparte de la leña  que se consumía en los hogares, se comprenderá la alarma justificadísima  que la disminución rápida de los montes habia de provocar. Zuaznávar se hace eco de esta necesidad, citando diferentes reales cedulas relacionadas con la materia.

Tapiz del Alcázar de Segovia
(Patronato del Alcázar de Segovia)
La Montaña de Doramas, a la que nombra de modo especial la presente disposición que comentamos y que fué cantada por Cairasco, resistió las continuas talas hasta nuestros días. Ni los ingenios, ni las construcciones pudieron acabar con su maravillosa frondosidad.

Pero ya a finales del siglo XVIII Don Bartolome Martínez de Escobar, en un informe a la Sociedad Económica de Amigos del País, hubo de decir: “Aquí tiene la Sociedad el cuadro desolador que la isla de Gran Canaria ofrece hoy a nuestra vista. La que de las siete de la Provincia presentaba al tiempo de la Conquista el agradable aspecto de un bosque casi continuo, besando las ramas de los árboles las saladas ondas del mar que la circunrodea, la que según nuestra historia antigua y moderna fue llamada el granero del archipiélago a que da su nombre …» (IBÍDEM, p. LXII).

También es sabido que cuando la reina Isabel se recluyó en Medina del Campo, ya estaba aquejada de una cáncer de útero del que moriría en 1504, y con su muerte el rey Fernando de Aragón perdía su condición de consorte de Castilla, sucediendo en la corona de Castilla su hija Juana que se había casado con Felipe 'El Hermoso' de Habsburgo, la Casa de Austria, quienes entregarían en 1516 el alcázar de Segovia al infante Don Juan Manuel, negándose los Marqueses de Moya a abandonarlo [17].

En esos tiempos, como dice la misma fuente, ya habían tenido sus problemas con los campesinos de Segovia quienes «protestaron de los abusos y agravios que les hacían los marqueses de Moya», y también por los alcaides que les representaban:

«Este abuso de un alcaide de la fortaleza de Segovia es muy significativo de las condiciones de superioridad económica y social de los marqueses de Moya, en particular, y del provecho que sus fieles y criados sacaban de ella».


[14] TESTAMENTO Y CODICILO DE ISABEL I DE CASTILLA. Dado en Medina del Campo el 12 de Octubre y 23 de Noviembre de 1504.
[15] VALDEÓN BARUQUE, J. (2004). "La cohesión social en la Corona de Castilla en tiempos de Isabel la Católica", Revista Arbor del, núm. 701. Madrid: Ed. Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), pp. 53-66 (p. 60).
[16] Se refieren a PINTO DE LA ROSA, J.M. (1996). Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias. Santa Cruz de Tenerife: Ed. Museo Militar Regional de Canarias, pp. 315-319.
[17] ASENJO GONZÁLEZ, M.:, "Labradores ricos: nacimiento de una oligarquía rural en la Segovia del siglo XV", Revista En la España Medieval, Vol. 4, 1984. p. 67.



LA PERVIVENCIA DEL TOPÓNIMO EN LOS SIGLOS.

Hasta aquí llegamos con nuestro ensayo sobre el origen del topónimo grancanario de Moya, que sustentamos en las huellas toponímicas de su territorio, si bien hay que reconocer que hasta la fecha no se ha encontrado ningún documento que lo acredite, y aún así, muchas son las premisas que parecen llevarnos a la conclusión aseverada, como en toda investigación, cuando las huellas indiciarias de los tiempos son pruebas que nos conducen a que así sea -como en derecho se dice- y manifiestan una secuencia constante de indicios que nos acercan a la certeza de los hechos.

Con este inédito interés de los Marqueses de Moya en la isla, del que sólo tenemos los rastros toponímicos, queda la gran incógnita: ¿Cómo puede mantenerse en siglos la pervivencia del topónimo del municipio tras el abandono del negocio por los Marqueses?

Toda lógica social apuntaría que el ejercicio de tales prebendas en su tiempo despertarían envidias y quebrantos de todo tipo entre aquellos de la sociedad privilegiada coetánea estante en la isla, que debieron conocer de ellas, incitando el natural rechazo a mantener vivo el recuerdo con el propósito de su desarraigo por desprecio. Y si así no fue, algo tuvo que acontecer para que el topónimo enraizara en la memoria colectiva de los lugareños.

En aquellos primeros años después de la Conquista se aprobaron por la Corona distintas disposiciones regulando la gobernanza y gobierno de Gran Canaria: Provisión de Incorporación de la isla a la Corona de Castilla y Cédula de privilegios y franqueza (RR.CC., 24 y 20 de enero de 1487), Fuero y privilegio de la isla (RR.CC., 20 de diciembre de 1494), Privilegio y franqueza (Dª Juana, 24 de diciembre de 1504), Confirmación de privilegios (Carlos I, 2 de octubre de 1528), que para observancia y obligación de todos se conservaban en «un arca donde se guardaban los privilegios de la isla, junto con las leyes del reino y los aranceles de jueces y escribanos» (AZNAR VALLEJO 1983, p. 50).

El desarrollo legislativo del fuero, privilegios y franquezas quedaba bajo la competencia ‘Concejo’, o reunión de regidores y gobernadores, si bien

«la fórmula primitiva de “concejos abiertos”, esto es con la participación de todos los vecinos, había dejado de paso hacia varios siglos a los “concejos restringidos” o regimientos, consistentes en una asamblea de notables» (IBÍDEM, p.49).

El ‘Cabildo’ o gobierno ejecutivo, representantes de la comunidad vecinal, tenía los siguientes miembros, si bien no todos tenían voto:

«se realizaba mediante la celebración de sesiones capitulares. Al ellas acudían el gobernador o juez de residencia, teniente de gobernador, alcalde mayor, alguacil mayor, regidores, personero y jurados» (IBÍDEM).

El propio Fuero regulaba como operaba el ‘Cabildo’ como ayuntamiento único de la isla de Gran Canaria:

«Ordenamos e mandamos que de aqui adelante en cada un año para siempre jamás, en el día de Santiago de mañana, a la hora de misa mayor, se junten luego en la Iglesia mayor desa dicha villa de la Palma, la Justicia y los seis regidores y el procurador y el escrivano de Consejo, que oviere sido alli el año pasado, e que delante todos los que ende estovieron, los seis regidores echen suertes entre si quales tres dellos eligiran los seis electores de yuso contenidos, e aquellos tres a quien copiere la suerte queden por electores e fagan luego juramento …» (CULLEN DEL CATILLO 1978, p. 86).

Y también incluía la siguiente norma que abría la posibilidad a la creación de otros ayuntamientos en la isla:

Ordenamos e mandamos que en qualesquier lugares e villas que estovieren subjetas a la jurisdicion desa villa o encomendadas a vos el dicho nuestro governador della, avida primeramente informacion de la calidad e poblacion de cada lugar e de lo que conviene para la buena governacion del, fagais ordenanças quales veredes que conviene para cada lugar, ansi en elegir de los alcaldes e regidores e procuradores e otros officiales, como en las otras cosas que tocan a la buena organizacion de las dichas villas e lugares, de manera que las dichas villas y lugares esten governados como deven… » (IBÍDEM, p. 93).

Pero tal posibilidad de creación de otros ayuntamientos en el interior de la isla no se dio en los primeros tiempos, si bien se creó la figura de alcaldes y alguaciles “de la tierra” que nombrados por el gobernador o juez de residencia, con funciones para conocer pleitos civiles hasta 600 maravedíes, reconociendo así la existencia de núcleos de población distintos de la villa-capital.

«En Gran Canaria, solo tenemos noticias del alcalde de Gáldar [n. 275 noviembre 1501: Pedro de Jaen], aunque seguramente Telde y otros lugares lo poseían» (AZNAR VALLEJO 1983, p. 92).

Se entiende así porqué la organización territorial administrativa de la isla en villas y lugares fue en la gran mayoría de los casos a remolque de las decisiones de las decisiones del Cabildo Catedralicio en la creación de parroquias. Para ello hemos de entender el poder de influencia y liderazgo que ejercía la Iglesia en la isla, señalando decididamente los tiempos en la aproximación de la administración del territorio conquistado, por lo que es recomendable una cita obligada, necesariamente extensa y que espaciamos para facilitar su lectura:

«Es esta, también, la opinión del erudito Dr. Wöelfel, que sostiene que “el Deán Bermúdez está llamado en cédula reales: Capitán y lugarteniente del Obispo, y Juan Rejón, una de las figuras más nobles de la Conquista, fue solamente el práctico militar de la Conquista”. En cuanto a la reorganización definitiva de esta, con la venida de Pedro de Vera, se hizo también con dinero proveniente de fondos eclesiásticos.

El mismo investigador afirma que el Obispo Frías, compañero del General, en el remate de la empresa “es el verdadero capitán de la Conquista, quien daba el dinero del Obispado, el resto de los dineros concedidos por el Antipapa Benedicto XIII y el Papa Eugenio IV para la Conquista de Canarias y los dineros provenientes de una Bula Especial de la conversión y conquista de Canarias”.  Por lo demas, Viera nos dice que el Dean “llevado de la disciplina de su tiempo, y de la intrepidez de su corazón belicoso, había solicitado con ansia la última conquista de la Gran Canaria, y conseguido el puesto de asociado de D. Juan Rejón en el modo de conducir la empresa”. Y en cuanto al Obispo Frías, afirma que vino a Gran Canaria para intentar apaciguar los ánimos de los bandos que en el Real actuaban guiados por la mayor animosidad, y para promover la Conquista. Más adelante, hace el elogio del Obispo y le asigna el papel de alma de la empresa. Y en este mismo sentido se expresa Cayrasco de Figueroa. 

Quizás a estas extraordinarias facultades, de las que vinieron investidos el Deán y el Obispo, financiadores hasta cierto punto de la aventura, se deben los frecuentes choques con los generales; pero influyó también en ello el distinto criterio que animaba a ambos sectores copartícipes de la Conquista. Para el elemento militar los indígenas eran solo los poseedores de un territorio que se deseaba anexionar y los que, por la obstinada resistencia, fueron siempre considerados como sumamente peligrosos, incluso después de ser sometidos.

De ahí el empeño de Vera de hacerlos salir de la isla, valiéndose de toda clase de pretextos, aún de los más inicuos. En cambio, para los religiosos los canarios eran solo infieles, cuyas almas era preciso catequizar; pero, una vez convertidos a la fé católica, quedaban justificados los esfuerzos de la Conquista y logrado su fin, por lo que era necesario presentarles decidida protección como la prodigaron, en efecto» (IBÍDEM, p. XXXIV).

Desde esta posición y pensamiento, por la conversión de los naturales de la isla y su “catequización”, a la Iglesia siempre interesó la proximidad a los estantes en cada lugar, naturales y colonos pobladores, y para darle consistencia jurídica, la decisión la elevan el máximo rango, y así se suceden y celebran los Sínodos episcopales que además de definir las funciones y reglas de todo los que componen el Cabildo Catedralicio, inicia su expansión por el interior de la isla, como es el caso del organizado por el Obispo Vázquez de Arce.

«… don Fernando Vázquez de Arce, también de ilustre abolengo, prior que fué, primera dignidad en la catedral de Osma, y comendador de la Orden de Calatrava. […] Durante los años 1514-1515, convocó y celebró un Sínodo diocesano…

[…] Los Sínodos diocesanos, según los estatuye de antiguo el Derecho canónico, y aun las disposiciones canónicas vigentes, debieran celebrarse por lo menos cada diez año; y en esta clase de reuniones, únicamente habrá de tratarse de materias que conciernan a las utilidades particulares o necesidades del clero diocesano y aun de los fieles de la diócesis, asamblea que debe convocar y presidir el obispo residencial en su diócesis…

[…] Según las expresadas Sinodales, la parroquia de la catedral, cuya provisión correspondía al deán y cabildo, no había de extenderse sino a los vecinos y moradores de la ciudad Real de las Palmas, con una legua alrededor. Que al principio de la conquista y algunos años después de ella, no había población en los términos de Moya y Arucas, pero que de doce años a la parte, se había poblado el lugar de Arucas, donde se habían hecho plantíos de caña de azúcar y establecido ingenios para moler, por lo que había “asaz número de gentes que todo el año allí residen e pagan diezmos e primicias”.

Que también por el mismo tiempo se comenzó a poblar el lugar de Moya y se habían hecho en su barranco limítrofe, el de Aumartel, cuatro ingenios y había “asaz número de gentes contino, e residen allí”. Se ordenaba que en cada uno de dichos lugares hubiera iglesia parroquial y se creaba en cada uno de ellos, un beneficiado curado, con la dotación a cada uno de quince fanegas de trigo anuales y diez mil maravedises de renta, además de sus naturales primicias y obvenciones de pie de altar (DARIAS PADRÓN, RODRÍGUEZ MOURE et BENÍTEZ INGLOTT 1957, p. 78).

Y es así como el topónimo de Moya por decreto del obispo de 18 de abril de 1515, deja de ser la simple referencia de un lugar cualquiera y se instituye oficialmente en parroquia, o lo que entonces se entendía por ‘Lugar’ por un asentamiento significativo de estantes, y a partir de la preexistente ermita de Nuestra Señora de la Candelaria.

Anterior Iglesia de Moya (Teodoro Maich - Fedac)
Si bien del texto del acuerdo del Sínodo parece desprenderse que la ermita preexistente de Moya dependía territorialmente de la parroquia del Sagrario de la catedral, del Libro Primero de Bautismos de la Parroquia matriz de Santiago de Gáldar, que abarca entre 1506 y 1679, parece deducirse que era esta la que prestaba los servicios de cura a la ermita de Moya y su feligresía:

«Cuando se redacta la primera partida de 1506 el territorio que le corresponde inscribir es potencialmente casi todo el antiguo guanartemato. Que en muchos documentos aparece reseñado como término de la Villa de Santiago de Gáldar o que, con otras fórmulas más simplificadas. Se refiere con claridad a los actuales municipios de Agaete, Artenara, Gáldar y Santa María de Guía. Aunque en otras ocasiones, como cuando se trataba del distrito de repartimiento, también parece incluir Moya y San Nicolás. Posteriormente se producirán sucesivas divisiones del Beneficio de Santiago hasta las actuales demarcaciones civiles y eclesiásticas».   (LÓPEZ GARCÍA 2003, p. 142).  

Para entender de la preexistencia de la ermita, hemos de retrotraernos primero a las noticias de su aparición y después al término de la conquista de la Isla de Tenerife, para aproximarnos a su antigüedad.

«El año de mil y cuatrocientos de nuestra redención, ciento y cinco años antes que la Isla fuera de cristianos ni hubiera en ella noticia de evangelio, fue Nuestro Señor servido (como Aquél que quiere que todos se salven y vengan en conocimiento de la verdad) que apareciese la Santa Imagen de Candelaria, para principio del remedio desta dichosa gente. […] Apareció en un lugar desierto y muy seco, a la orilla de la mar, junto a una playa de arena que tendrá media legua de largo, a la boca de un barranco, sobre una piedra: donde, por memoria deste aparecimiento, pusieron después los cristianos una cruz que hoy está en pie, y un poco adelante fundaron una pequeña ermita que llamaron del Socorro» (ESPINOSA 1967, p. 51).

«No había estado ocioso en este tiempo el gobernador de la conquista [Alonso de Lugo], porque también por su parte había juntado la gente que había podido, así de canarios, gomeros y majoreros, como de españoles, parientes y amigos, así de los que habían quedado de la primera entrada, como de otros que de nuevo se le juntaron, como fueron Hernando de Trujillo, caballero jerezano; Lope Fernández de la Guerra, conquistador de Canaria y señor de dos ingenios;» (IBÍDEM, 106).

El segundo texto reproducido hace referencia a la segunda entrada que hicieron los españoles a primeros de noviembre de 1495 para la conquista de la isla de Tenerife, bajo el mando del gobernador Alonso de Lugo. Después tuvo lugar la batalla de la Laguna el 14 de noviembre, en la que murieron sus caudillos Bencomo y Tinguaro. En diciembre ocupaban el reino de Taoro y aconteció la batalla de Acentejo que acabó con la resistencia guanche, dándose por terminada la conquista en 1496, y la licencia de los caballeros conquistadores. Entre ellos encontramos Hernando Trujillo, que debió conocer de la imagen de Nª Sra. de Candelaria y del respeto que ya le tenían los guanches, atribuyéndose a su hijo la fundación de Moya, y posiblemente la construcción de la ermita preexistente de u advocación.

«El presbítero don José Marrero en su libro inédito titulado El Libro de Moya atribuye su fundación y la de Moya a un hijo de Hernando Trujillo, natural de Jerez de la Frontera y conquistador de la isla de Tenerife» (SUÁREZ GRIMÓN et QUINTANA ANDRÉS, Historia de la Villa de Moya. Siglos XV-XIX. 2008, Vol. I, p. 147, nota 7).

Dejó igualmente escrita su descripción de la primigenia imagen de La Candelaria, estimando en su opinión la antigüedad de la misma coincidente con los años siguientes a la conquista de Tenerife:

«La imagen suya, que posee esta iglesia, es muy antigua, del siglo XV, al parecer. Podemos asegurar que, en los documentos de este archivo, que hemos estudiado hoja por hoja, y línea por línea, no constan que se haya sustituido la imagen primera por ninguna otra.

Tiene la Efigie un metro de alto, y su niño 35 centímetros. Está esculpida en madera incorruptible, y muy pesada, de color oscuro semejante al cedro» (MARRERO MARRERO 2015, p. 34).

La imagen fue restaurada por el imaginero José Paz Vélez, terminada en enero de 1988, con un coste de un millón cien mil pesetas.

Pudiera ser que esta atribución que realiza el desaparecido presbítero de Moya a los descendientes del conquistador Hernando Trujillo, lo fuera precisamente por establecer algún vínculo de personajes históricos con la traída de la advocación de La Candelaria tinerfeña al Lugar de Moya, hecho que sí está documentado. Sobre la presencia del apellido Trujillo en Moya traemos a colación la información que aportan los genealogistas.

«Los hermanos HERNANDO y PEDRO DE TRUJILLO fueron conquistadores, naturales de Jerez de la Frontera. Pedro de Trujillo, conquistador de Gran Canaria, recibió tierras y aguas en Gáldar en el año 1485, con Pedro de Vera ejerció como alcalde. Casó con Ana Fernández con la que tuvieron por hija a Isabel Sánchez. En el año 1508 era fallecido.

Su hermano Hernán Trujillo, conocido como el Teniente Viejo, nacido en Jerez de la Frontera en 1463, fue conquistador de Gran Canaria, La Palma y Tenerife. Vino a la conquista de Gran Canaria con Pedro de Vera y fue teniente de gobernador (1483-1491). Con Alonso Fernández de Lugo pasó a la conquista de La Palma y Tenerife. Como conquistador tuvo que tener repartimientos en Gran Canaria, constando que tuvo un molino en el Real de Las Palmas. En su testamento en 1510, no menciona que estuviera casado ni que tuviera hijos legítimos, pero se documenta que tuvo descendencia con su esclava indígena Ana a Fernando y Juan, y con Constanza Mexia a Leonor Trujillo.

El magistral Marrero (1913), atribuye su ascendencia al conquistador Hernán Trujillo, supuesto abuelo de JERÓNIMO y AGUSTÍN TRUJILLO, así como la fundación del lugar.

En esto, no tenemos constancia documental ni indicios que estos Trujillos pudieran ser descendientes del “Teniente Viejo”. Lo que sí parece cierto que se trata de una de las familias fundadoras de Moya, con un papel destacado en estos siglos» (EGEA MOLINA 2013).

Aclarado este particular, retomamos nuestro relato de la creación de la parroquia por el Sínodo, pues ello va comportar una mayor relación y vinculación con los vecinos estantes en el “lugar de Moya”, que han de contribuir con las dotaciones antes señaladas al beneficiado curado, bajo la condición de amovible, ya que el cura párroco puede ser quitado o separado del puesto o cargo que tiene.

De esta manera es el propio obispo Vázquez de Arce quien “bautiza” el lugar dando notoriedad con el nombre que la memoria colectiva de los vecinos conoce, a nuestro fin el topónimo, reconociéndolo oficialmente así en el Sínodo. Todas las referencias documentadas que se tienen de la primera autoridad civil en Moya se remiten a medio siglo después:

«… el citado presbítero [18] insiste en que en el proceso formado a causa de la muerte que dio Bernardino Carvajal a Hernando de Pineda se constata que en 1556 ya había en Moya alcalde real, figurando en la relación de alcaldes reales que adjunta como primer alcalde Pedro Padilla, de quien dice ejerció el cargo hasta 1606…» (IBÍDEM, p. 150).

La creación de la parroquia de Moya es un hito importante en la historia de la isla, cuando está documentado que después de la Conquista la única parroquia existente en la isla es el Sagrario Catedral, de la que se independizó la de la Villa de Agüimes en la segunda mitad de 1486 por la concesión del Señorío de Agüimes al Obispo de Canarias, año en que se deduce por informaciones se separaron también el Beneficio del Sñor. Santiago de Gáldar fundada por los conquistadores y el Beneficio de San Juan de Telde.

Después se tienen noticias distintas que establecen el siguiente orden cronológico en la creación de las parroquias, algunas a petición de sus vecinos: Arucas y Moya [como ya se ha dicho], Teror y La Vega [solicitadas en 1567], Tirajana [ya lo es en 1617], Tejeda [ya lo era en 1676 por segregación de La Vega], y San Lorenzo [solicitada en 1687 como El Lugarejo de Tamaraceite] (CAZORLA LEÓN 1992).

Otros acuerdos del mismo Sínodo de Vázquez de Arce fueron:

«Se dispone quedara aneja a la iglesia de la villa de Gáldar, la del Agaete, quedando a cargo del Beneficiado de Gáldar, el poner cura idóneo en la parroquia de Agaete; y que el capellán o capellanes de Santa María de Guía y los otros capellanes de la iglesia de Gáldar sean obligados a servir en ciertos dias de precepto que se mencionan, en la villa de Gáldar, así como el cura de Agaete, excepto en las Pascuas y tinieblas» (DARIAS PADRÓN, RODRÍGUEZ MOURE et BENÍTEZ INGLOTT 1957, p. 79).

Se entenderá que todas las parroquias antes mencionadas mantuvieron consolidado el topónimo, y tan sólo en el siglo anterior se modificó el de La Vega, por Villa de Santa Brígida probablemente influenciado por la segregación de la parroquia de la Vega de San Mateo en octubre de 1800, si bien sigue vivo el referente. San Lorenzo es un caso excepcional pues desde el primer momento estaba bajo la advocación de dicho santo, y adaptó el nombre al constituirse el Ayuntamiento.

De los primeros tiempos de la nueva parroquia de Moya bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria, como está acreditado nada puede aportarse por la desaparición de sus archivos por la polilla:

«Después de creada la Parroquia, hay un periodo de 78 años del que no existe un libro, ni un documento en el archivo de la Iglesia. [...] Según él [sacristán de mediados del siglo XIX], los papeles más viejos del archivo parroquial de esta Iglesia, estuvieron encerrados, por largos años, en un sollado oscuro y húmedo, debajo de la escalera del coro. Allí permanecieron, sirviendo de pasto a los insectos, y suministrando a las ratas materia para abrigar sus nidos, hasta que un Sr. Obispo ordenó que se trasladara a sitio más decente.

El cura, al cumplimentar este mandato, creyose autorizado para hacer una selección y expurgo. Y, por sí y ante sí, decretó que todo papel que no pudiera él leer con facilidad era un papel inútil. Como casi todos los documentos antiguos estaban devorados por la polilla, y escritos con letra enredada, elegible para aquel clérigo de misa y olla que apenas entendía la redondilla de Itursaeta, fueron condenados al fuego» (MARRERO MARRERO 2015, p. 30-31).

En el caso concreto de Moya, dentro del ámbito eclesiástico se van sucediendo las menciones del topónimo en su andar hacia la consolidación, y así encontramos distintas noticias que nos dicen de su notoriedad documental, la primera es una aclaración en cuanto a la procedencia de la ayuda a la parroquia, y las siguientes referidas a su mención en los Sinodales:

«En Moya, el 15 de agosto de 1523, manda el Cabildo “que los contadores saquen de una renta de esta ciudad el salario o ayuda que se hace al clérigo de Moya”» (CAZORLA LEÓN 1992, p. 15).

En 1629 en los Sinodales del obispo Cristóbal de la Cámara y Murga, nos dice de la Montaña de Doramas y del número de habitantes:

«Expresan que “de aquí para Terori comienza la montaña de Doramas, “tan celebrada de aquel gran poeta eclesiástico don Bartolomé de Cairasco Figueroa” ... “Es pues, aquella montaña de las grandiosas cosas de España; muy cerrada de variedad de árboles, que mirarlos a lo alto, casi se pierde de vista, y puestos a trechos en una profundidades y unas peñas, que fué singular obra de Dios, criándolos allí: ay muchos arroyos, y nacimiento de frescas aguas y están los árboles tan acopados, que el mayor sol no baxa a la tierra. A mí me espantava lo que me dezían y visto de ella lo que pude, dixe me habían dicho poco”. Tenía unos treinta vecinos» (DARIAS PADRÓN, RODRÍGUEZ MOURE et BENÍTEZ INGLOTT 1957, p. 99).

En 1735 en los Sinodales del Obispo Pedro Manuel Dávila y Cárdenas, se nos dice del número de vecinos y su distribución territorial:

«”...está en el término de este Lugar la célebre Montaña de Doramas, con el nacimiento de las aguas que llaman Madres de Moya, uno y otro digno de ver se”. Vecinos: 150. Y en el pueblo, 61 y los demás en Fontanal, Cabo Verde, Dragos, Costa, Asuage y Lomo Blanco» (IBÍDEM, p. 114).

Es teoría generalmente aceptada por los historiadores, que la gran mayoría de los modernos municipios están en el origen de las parroquias del siglo XIX, e incluso antes.

«En cambio, Zuaznávar vuelve a demostrarnos su perfecto conocimiento y su completo estudio. Nos habla del Fuero, del que dice es de población y al que califica de primera constitución canaria, y afirma que el Ayuntamiento, formado en virtud de lo que los reyes ordenaron, fue único en la isla hasta que él, en los primeros años del siglo XIX y de acuerdo con el Obispo Tavira [19], logró que se crearan otros en el interior, donde quiera que se erigiesen parroquias. Muy tarde, si nos atenemos a la orden real aparecida en el Fuero de que se creasen nuevos ayuntamientos donde quiera que se considerase necesarios» (CULLEN DEL CATILLO 1978, p. 54). 

De alguna manera el reconocimiento eclesiástico de la parroquial y la segregación territorial de su feligresía, en lo civil motivó que el Cabildo de la isla diera un tratamiento análogo, y así se evidenciaba en el libro de registro de los repartimientos de tierras y aguas (RONQUILLO RUBIO et AZNAR VALLEJO 1998):

[28-ago-1528 petición de Diego de Carvajal] «… solar que esta cabe su casa donde tiene un horno que es en el heredamiento de Moya cabe una casa suya para fazer otra casa e corral para sus bueyes e ganado fasta lindar al albercon de Moya…» (p. 76).

[dd-jul-1537 petición de Juan de Cospedal (muy deteriorado)] «… un solar que es en el lugar de Moya que lynda con una casa de Alvaro (?) […] el qual dicho solar a ensenado el señor Juan de Escobedo R (egidor) […] lo que vuestra señoria [el regidor] me cometyo y me paresçe que el solar se le puede dar desde el horno de Albarizañez hasta alyndar con la casa de Bastian Miguel…» (p. 90.  

[11-dic-1538 petición del Regidor Alonso de Herrera] «… laderas de tierra que están en el barranco del Aumastel a la vanda de Moya ençima de las tierras que fueron de Diego San Clemente y de las que fueron de Pedro Moreno…»  (p. 62).

[10-jul-1542 petición del doctor Alvaro de la Mata] «… unos pedaços y andenes de tierra en que puede aber hasta siete hanegadas que están montuosos dentro del barranco del Aumasel donde dizen el Trapiche linderos del cabo de arriba un Risco grande que es a la hondonada de unas tierras de los herederos de Gaspar de Palençuela que aya gloria e por abaxo el barranco e por ellos paa el atajo que va del Trapiche a Moya que es tierra muy trabajosa… » (p. 110).

[26-oct-1545 petición de Diego de Carvajal] «… en los Fontanales çinquenta fanegadas ençima del nasçimiento del agua qua dizen de Martyn de Vera alynde con tierras de la una banda de Pero Sanchez vezino de Moya …» (p. 340).

[29-oct-1546 petición de Juan Dominguez] «… señores gobernador y regidores mandaron que que se apregone  es esta çibdad tres días y al lugar de Moya e Galdar e Guia tres días de fiesta en cada lugar un dia de fiesta […] que en el lugar de Moya en domingo a dos de henero de mill e quinientos y quarenta e syete años este dia a la puerta de Nuestra Señora de Candelaria saliendo la jete de la misa mayor yo Diego de Ospedal escribano del dicho lugar ley la dicha petiçion en presencia de todos… » (p. 434).

[23-ene-1549 petición de Pedro Borjes] «… Y después desto en veynte e nueve días del mes de octubre e del dicho año estando en vysitaçion del lugar de Moya el magnifico señor gobernador e los señores Pedro Azedo e Hernando de Herrera Regidores… » (p. 511).

[11-sep-1554 petición de Juan Domínguez, vecino de Moya] «… un pedaço de solar que esta detrás de la huerta de Domingos Biçente junto con los Riscos…» (p. 242).

[11-sep-1554 petición de Antonio Gomez vecino de Moya] «… un solar para hazer una casa en dicho lugar de Moya que es lindero con un solar e huerta de Sebastian Miguel u suegro e de sus herederos, e por otro lado un solar que oy dicho dia se a dado a Juan Dominguez vezino de Moya e por delante calle Real… » (p. 242).

[18-sep-1556 petición de Juan de Ribera] «… para hazer un herido de molino […] pro utilidad desta isla especialmente de los vecinos de Terore y de Moya e de Texeda e de toda la sierra…». (p. 251).

Como decíamos al principio de este apartado, el origen del topónimo de Moya se sustenta en las huellas toponímicas de su territorio, aunque no se conozca documento que lo acredite, y quedó consolidado en los siglos a partir de la fundación de su parroquia, que concluiría como ayuntamiento y municipio en el siglo XIX.

Y todo tiene su razón de ser en aquellos tiempos, pues como bien dice un refrán castellano en desuso sobre la discreción: “En la boca del discreto, lo público es secreto”, cuyo significado  es explícito (INSTITUTO CERVANTES: Refranero):


«Se aconseja la reserva y prudencia en el hablar, al tiempo que elogia a quien mantiene reserva incluso en lo que es público o al no comentar los hechos escandalosos, pese a ser del dominio público».


[18] Obra del presbítero del lugar citada por los autores: MARRERO MARRERO, JOSÉ (1913). Apuntes para la historia de la villa de Moya. El Museo Canario: Ed. Inédita.
[19] Antonio Tavira y Almazán (1791-1796).