domingo, 29 de abril de 2012

CARACOL, EL (TELDE)

Topónimos con el que se conocen dos pequeños caseríos, Alto y Bajo, situados al naciente de Los Llanos y al sur del barranco de la Rocha.

Poco se conoce del origen del topónimo, que en ningún caso hemos de asociar al libro de poemas del teldense Saulo Torón titulado El caracol encantado (Madrid, 1926), que como bien dice su ilustre prologuista el poeta Antonio Machado «... Usted escucha la voz del mar, contempla usted el mar, piensa usted en él y lo canta. Siga usted, querido poeta, fiel a esa musa. (...) Su "Caracol Encantado", que usted nos envía desde ese lejano archipiélago, tiene la virtud de recordarnos el mar, de traernos la emoción atlántica "sine qua non" de la conciencia integral de España...».

Saulo y su prologuista fueron poetas comprometidos en lo social y en lo político, pero fueron posteriores en un siglo a otros movimientos sociales en los que se convocaba "al toque de las caracolas".

No hemos encontrado ninguna noticia del origen de este topónimo, pero conociendo como los mismos son creados por la "memoria colectiva" de los pueblos, no me sorprendería que guarde estrecha relación con los sucesos acaecidos en Telde en 1799 y anteriores.

«... del centenar largo de conflictos “ruidosos” documentados para la isla de Gran Canaria en el periodo que va desde mediados del siglo XVII hasta mediados del XIX, sólo seis tuvieron como escenario el lugar de Telde y como protagonistas a sus vecinos » (SUÁREZ GRIMÓN, V.: "El motín de Telde de 1799", Guía Histórico Cultural de Telde nº 17, 2006), 

Eran tiempos en que la isla estuvo acosada por los barcos de otras monarquías europeas en los continuos conflictos patrimonialistas con la monarquía española. Se perseguía el dominio de los mares para así controlar el comercio y las "luchas de tronos".

En la isla había hambre por el desabastecimiento y cuando los gobernadores secuestraban el grano para el sustento del ejército, incitaban a la hambrienta población que en muchas ocasiones sólo se sostenía con infusiones de "afrecho". Pero llegó un momento en que tanta hambre era insoportable y se desencadenaron los llamados "motines de subsistencia", pues la asonada no era por apoderarse del grano, simplemente para que se abrieran los silos y se vendiera el grano al precio corriente. En otras ocasiones también lo fue por el acaparamiento del agua de riego, porque sin ella las "tierras de pan sembrar" no daban su cosecha.

En el caso del motín de 1799 superó todas las estrecheces humanas, fueron por «...las disposiciones adoptadas por el comandante general Antonio Gutiérrez a favor de la extracción de granos desde Gran Canaria hacia Tenerife ...». Y en Telde, como en Arucas, Gáldar y la Ciudad, el pueblo llano al toque de caracolas  es convocado «... de suerte que era el número tan copioso de gentes que no había hueco en la plaza (del convento de San Francisco) y calle por donde transitar”, que se sublevan no de manera irracional y espontánea sino como consecuencia de una situación crítica de escasez y extracción de granos ».

Alpendre (Fedac)
La saca de granos de una isla para otra que está en el fondo de todos los conflictos sociales de aquella época, y las competencias del regimiento ahogaban las justas decisiones que pudiera tomar la Audiencia, por muy justas que éstas fueran.

En el empeño de castigar a los amotinados siempre son buscados los que hacían acopio de "caracolas", pues la "caracola" se había convertido en el mayor enemigo de los coroneles del regimiento, ya que conocían que "al toque de caracolas" todo el pueblo se echaba a la calle a reclamar justicia. En todas las pesquisas aparece: 

Estanque (Fedac)
«...  el 16 ó 17 de junio le manifestó José Manuel Morán, vecino de Telde y residente en su casa, que “un hombre viejo de Teror o de aquellos altos” andaba solicitando caracoles para llevarlos a los vecinos de Telde, “quienes se iban a juntar para que pareciera la cédula que hay de la tasa porque no podían resistir lo caro de los granos pues no podían comer los pobres” » (Ibídem).

Esta declaración indagaba el acontecimiento de «...   la noche del 24 de febrero de 1799 se levantan los vecinos del pago de los Llanos de Telde que, al toque de caracoles y “grita de gentes”, bajaban desde dicho pago formando “un gran tumulto de hombres y mujeres” que se juntaron en la Plaza del convento de San Francisco, “esperando los del pago de Sendro y Tara, donde también se tocaban caracoles”.

Si es éste el origen del topónimo, encontrar la relación que tiene este lugar con los cercanos vecinos de los Llanos lo pudiera ser por su proximidad, o lo pudiera ser porque desde aquí llegaban hacia la costa pues «... “veían que continuaba la saca y extracción por la playa o puerto de Melenara en el barco de Pedro Tovar ...». Alguna relación habrá en toda la oculta historia de esos tiempos de Telde para afirmar de que así fue.

Elevador de aguas (Fedac)
En toda esta imaginada crónica histórica sorprende aún más, que sus vecinos celebren la advocación de San Ramón Nonato, a quien según cuenta la tradición sus carceleros musulmanes martirizaron colocándole un cerrojo en su boca para que no predicara, como si se hubiera tenido en el recuerdo el silencio obligado que se impuso a los que se amotinaron contra al hambre. En la actualidad como cuentan sus vecinos, el barrio está en paz, tranquilo y bonito. Las caracolas sonarán en la fiesta de agosto en honor a su santo patrón. 

Ya contó de las costumbres aborígenes canarias el cronista teldense Tomás Arias de Marín y Cubas: «... la barba crecida hasta el pecho en punta, los brazos labrados a1 fuego hasta la sangradera; llamábanse con unas bocinas de caracoles y cuernos de cabrones largos y despuntados; traían rodelas largas y avadas, hechas de drago, ajedrezadas de almagre, carbón y blanco;...».


Localización (Espacios Naturales de Gran Canaria)



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