domingo, 22 de julio de 2012

MURALLA DE LA CIUDAD (LAS PALMAS DE GC)

Topónimo con el que se conocen los restos de la antigua muralla de la Ciudad situados junto al Castillo de Mata, vestigios de lo que fueron las defensas levantas en el siglo XVI y siguientes.

La antigua Muralla o Muro del Real constituyó durante siglos, aparte de su función militar, el límite entre la zona urbana y la rural de la Ciudad, delimitando el perímetro interior que prácticamente quedó inalterado desde el siglo XVI hasta el XIX , englobando lo que eran los dos únicos barrios de Vegueta y Triana, y algunos de los arrabales que ascendían por las lomas de las montañas cercanas y que se conocen con el nombre genérico de Riscos, tomando estos últimos el nombre del santo bajo cuya advocación se encontraba la ermita en ellos edificada.
Muralla y cuevas del Provecho (Patrimonio Gran Canaria)
La pérdida de valor del sistema defensivo antiguo y el empuje que suponía el primer ensanche moderno de la Ciudad motivaron la desaparición casi total de la Muralla que se proyectaba por lo que hoy es la calle de Bravo Murillo, primero llamada Camino Nuevo. Antes de su desaparición todo lo que quedaba al norte de la misma era "fuera de la portada" expresión que los mayores aún utilizan. Las "portadas" eran cada una de las puertas antiguas de la Ciudad.
Camino Nuevo en 1900 (Da Luz Perestrello - Fedac)
La Ciudad fue durante siglos uno de los puntos estratégicos de la Corona Española en la ruta de las Indias, al mismo tiempo que era punto vital de la isla y del Archipiélago. Por eso no es de extrañar que el aspecto defensivo fuera una de las manifestaciones más importantes de su arquitectura desde la fundación. La construcción de sistemas defensivos fue preocupación constante del gobierno local y del reino.

Para defender la Ciudad de los ataques de flotas francesas y berberiscas, a mitad del siglo XVI Rodrigo Manrique de Acuña hizo construir las modestas defensas de Santa Catalina, San Telmo y San Pedro Mártir (San Cristóbal). Años después Pedro Rodríguez de Herrera inició la construcción del Castillo de Santa Ana.
 
Antes de 1578 el Gobernador Diego de Melgarejo edificó la primitiva muralla norte. A lo largo de los siglos la Ciudad, sobre todo después de la conocida invasión de los holandeses en 1599, se fue dotando de medios defensivos que la protegiesen tanto por mar como por tierra. La Ciudad se convirtió no solo en una ciudad fortificada, sino también amurallada, rasgo poco habitual en las ciudades canarias y que compartió con muy pocas localidades: Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma.

Plano de Próspero Casola, finales s. XVI (Archivo de Simancas - Museo Canario)

Lo que hoy en día se conoce como Muralla de Las Palmas son los restos de la antigua muralla norte de la Ciudad, cuya finalidad principal era la defensiva.

La muralla primitiva partía desde el desaparecido Castillo de Santa Ana o Torre de Santa Ana, situado en la cercanía de la Ermita de San Telmo y el Charco de los Abades, junto al viejo Muelle de Las Palmas; continuaba hasta una puerta que por corresponder al barrio de Triana tomó este nombre, y luego se unía con la Casamata o Castillo de Mata para ascender después por el escarpe del risco hasta el Castillo de San Francisco o Castillo del Rey.
Cubelo o Castillo de Santa Ana (Pérez Ojeda L - Fedac)
Para su confección se emplearon piedra y argamasa, de pared lisa sin contrafuertes, ensanchándose suavemente hasta formar un plano inclinado con la base. En la cara interna y en su parte alta se extendía, a lo largo de toda ella, un amplio corredor o banqueta desde donde la tropa podría defenderla y atacar a su vez.

El "cubelo" o Torre de Santa Ana, fue construido en 1554 por necesidades militares en lo que se conocía entonces como el Charco de Los Abades. Debido a los ataques se reconstruyó dos veces en las dos décadas siguientes. Se concibió como el remate de la Muralla de Las Palmas por el norte de la ciudad. Actualmente no quedan restos de la torre.

En el año 1656 el maestro albañil Juan González se obliga a trabajar en la fortificación que se hace en la muralla de la portada, abriendo los cimientos y haciendo la pared de cuatro palmos y medio de ancho, todo a satisfacción del ingeniero militar Lope de Mendoza. Por cada tapia se le pagarían 294 maravedís.
Calle Bravo Murillo (el coleccionista de instantes)
Las Cuevas de Provecho son unas cuevas naturales y escavadas al pie de la Muralla y por encima del Castillo de Mata, en la rampa sur del barranquillo de Mata o de Las Rehoyas.

Dicen las crónicas de hace medio siglo que estaban «habitadas por gente miserable y de mala vida, donde tuvieron lugar francachelas nocturnas de las que suele salirse en no muy buen estado por lo que respecta a la integridad física del cuerpo». El topónimo tiene su origen en que sus moradores, por su proximidad al Castillo de Mata, al Castillo de Santa Ana y al Castillo de San Francisco, aprovechaban los sobrantes de las comidas de los soldados.

Localización (Espacios Naturales de Gran Canaria)


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