sábado, 12 de mayo de 2012

CORVO (MOYA)

Según cuenta José Miguel Alzola en su obra Don Chano Corvo, crónica de un jardinero y su jardín (Las Palmas de GC, 1973) este pago situado a medio camino de Moya a Fontanales recibe su nombre de los antiguos propietarios de tierras en este lugar de la antigua montaña de Doramas. 

Postal de El Jardín de Corvo, con Chano Corvo 1905 (Fedac)
La buena pluma del autor merece su transcripción tal cual: «… Saltando de rama en rama en el frondoso árbol familiar, y también de siglo en siglo, llegamos al año 1812. En el libro de Repartimiento de los baldíos de la jurisdicción del Pueblo de Moya aparece un asiento, al folio 35 v. (vuelto), en el que se le señala una suerte de cinco fanegas de tierra a don Miguel González Corvo como premio a los trabajos de agrimensura realizados en la propia Montaña y a sus desvelos en la defensa de los derechos del pueblo y en el fomento de las Artes, de la Agricultura y de la Enseñanza. No le fue difícil al don Miguel el ser generoso con los moyeros desde sus puestos de contador en la Oficina de Rentas Nacionales y, luego, de oficial mayor de la Secretaría del Gobierno Político.

Este fue el primer Corvo que disfrutó de tierras en Doramas. Las disfrutó y también las padeció porque en el motín de 1823 los revoltosos le incendiaron la casa y arrancaron los mojones que delimitaban el predio. (…) Tres Corvo pasaron por esta data de la Montaña: el abuelo, Miguel, que la recibió y defendió como ya se ha narrado, y la acrecentó adquiriendo cinco fanegas más de los pusilánimes colindantes; el hijo, Enoch, que la mantuvo con grande amor, y el nieto, Chano Corvo, que la hizo parte de su vida, que la convirtió en consuelo de su existencia...».

Arando en Corvo (May Pérez Srychol - Rincones del Atlántico)
La antigua finca privada que es  conocida desde entonces comor Jardín de Corvo embelesó al autor citado para dejar escrito dentro del más puro romanticismo «… oculto entre eucaliptus, castaños y zarzales; silencioso, como un templo vacío; cubierto, en gran parte, de cristales como urna que guarda reliquias veneradas; rodeado de cipreses, como un cementerio; y en toda estación, lleno de bellísimas flores, como si fuera una corona, siempre viva, nunca marchitada, puesta sobre una inmensa sepultura...». Este paisaje  se comparte en la actualidad con muchos naranjeros, cuyos frutos son recolectados y entregados por la propiedad a entidades benéficas.

El pago de Corvo, precedido de la fama que le ha dado su Jardín, es parte de lo que fue la antigua Selva de Doramas. Situado en lo alto de una gran rampa, al naciente queda el  profundo cauce del barranco Oscuro, de los pocos relictos de la laurisilva que quedan, tributario del barranco de la Virgen donde se localizaban las grandes madres de agua que dieron lugar a la gran red de acequias, cantoneras y tornas que regaron y aún riegan el Noroeste de la isla.

Desaparecido el boque por las talas y roturaciones en el pasado, las zonas de cultivo ocupadas siglos atrá siguen disponiendo de un rico sustrato donde se dan las mejores cosechas de hortalizas o frutales, y donde es habitual ver escenas rurales que progresivamente van desapareciendo.

Localización (Espacios Naturales Gran Canaria)

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