viernes, 11 de mayo de 2012

CORTIJO, EL (TELDE)

Este topónimo corresponde al lugar donde se ha construido un campo de golf y se ha rehabilitado la antigua casona para destinarla a hotel rural que se denominan de igual forma. Esta finca que en las últimas décadas del siglo XVII era propiedad de la Orden de los Jesuitas, fue anteriormente conocida como Cortijo de Jinámar, pasando a conocerse después con el nombre de Cortijo de San Ignacio; ocupa una franja de territorio situada entre la carretera de Telde a Jinámar (GC-100) al poniente y la Autopista del Sur (GC-001) al naciente, limitada al Norte por el barranco de la Condesa y al Sur por el barranco Real de Telde.

Panorámica del Telde en 1893, El Cortijo en primer plano (Carl Norman - Fedac)
 La presencia de los religiosos jesuitas en las islas se inició con la fundación de colegios de primeras letras, donde impartían la enseñanza gratuita y los niños eran admitidos sin discriminación de ningún tipo, respecto de su condición social u origen. 

El Cortijo en sí no era una buena zona de cultivo, pero con el trabajo, tenacidad e inteligencia que los jesuitas imprimían en todas su obras, desarrollaron con ingenio y racionalidad una obra de ingeniería hidráulica, poniendo en cultivo las tierras de La Majadilla y en el valle de Jinámar, lo que les permitiría obtener rendimientos para sufragar el mantenimiento de sus escuelas. En el interior de esta finca construyen una casa con una capilla, donde impartían el oficio religioso y la docencia a los residentes del lugar.

Patio de entrada de la casona (HR El Cortijo)
Esta orden religiosa era ideológicamente más renovadora que las demás existentes, por lo que también trajo consigo nuevas formas arquitectónicas e ingenieros militares propios, que levantaron la pequeña iglesia de San Francisco de Borja en la Ciudad.

Capilla de El Cortijo (HR El Cortijo)
El modelo de esta iglesia se basaba en su templo romano de Il Gesú, de planta de cruz latina de una sola nave, cubierta de bóveda de cañón en el interior, cúpula en el crucero y fachada de base clásica. La iglesia jesuita de Gran Canaria plasmó este inusual modelo en un edificio planificado por P. Vicentelo, que comenzó su construcción en 1722. La dirección y supervisión de la obra se deben, no obstante, al ingeniero Francisco de la Pierre.

Con la expulsión de la orden por Carlos III, por Real Cédula de 2 de abril de 1767, todas sus propiedades fueron confiscadas y subastadas, y adquirió la propiedad Cristóbal del Castillo Ruiz de Vergara y Manrique de Lara. Tras su adquisición la casa, ahora destinada a hotel rural, resulta de la reconstrucción realizada sobre la de los jesuitas, y es representativa de la arquitectura tradicional solariega en la isla, conservando el mobiliario, capilla y otro ajuar doméstico de las grandes viviendas isleñas del siglo XVIII. Destacan entre sus elementos, además de la pequeña y bella capilla, la balconada de madera, los techos abuhardillados en madera de tea y las galerías con grandes ventanales que dan acceso a las distintas estancias de la misma.

Localización (Espacios Naturales Gran Canaria)

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