jueves, 10 de mayo de 2012

CORCHO, CUEVA (VALLESECO)

Su nombre no parece obedecer a la presencia histórica en el lugar de alcornoques o de explotaciones para el aprovechamiento de su corteza, llamada corcho, pues no es el hábitat de esta especie, y los ejemplares que existen han sido importados. Ya Viera y Clavijo resalta indirectamente su escasez cuando dice «… Existen algunos pies de este apreciable vegetal en una hacienda del distrito de la Vega, pago de San José en Canaria...», circunscribiéndolo a una sola finca en esta isla, después de haberla recorrido totalmente.

Vista de cuevas en Cueva Corcho (Google Earth)
Parece más probable que deba su nombre a que antiguamente la denominación «Cueva de los Corchos» hacía referencia a la existencia de colmenas de abejas para la obtención de miel y cera, pues es conocido que «corcho» es la segunda voz por extensión y frecuencia para designar la colmena, las cuales se fabricaban ahuecando troncos de palmeras. Todavía hoy es utilizada esta voz en las islas de Tenerife y El Hierro, siendo esta última donde más se conservan las expresiones lingüísticas de siglos pasados, como es sabido.


Colmena silvestre o avejera (juansanzsanz-temisto-blogspot)
También es destacable el aprovechamiento de las colmenas para la elaboración de cera para velas de alumbrar, actividad que se desarrolló prolíficamente en los siglos XVI y XVII en Canarias, donde el Cabildo autorizaba a solicitantes particulares el «asiento de colmenas o abejeras» en los suelos públicos.

Las Ordenanzas del Concejo de 1531, por lo preciadas que eran, ya regulaba su venta en el título «… de miel, cera y sebo» estableciendo «Otrosy que la dicha miel se venda por las medidas desta ciudad e la cera se pese por las pesas desta ciudad que sean buenas medidas e pesas afinadas por el almotacén e que de otra manera no se puedan vender so pena de perdido e lo mismo se faga en el sebo labrado».


Antiguas colmenas de corcho (etnografia-iberica-blogspot)
La voz «corcho» para designar la «colmena» la recoge el diccionario académico, que con esta acepción la registraba en la segunda edición de 1780, corcho: ‘Lo mismo que colmena’. En la última edición se le da el significado ‘colmena’ con dos acepciones: una es «habitación natural de las abejas», y otra «recipiente para habitáculo de las abejas»

Desde tiempos remotos las mejores colmenas se han elaborado con el corcho de los alcornoques. Ya Virgilio hace mención de ello cuando aconsejaba el uso de esta corteza para fabricar las colmenas «…seu corticubus tibi sita cavatis...».

Acueducto (Fedac)
Fray José de Sosa (1678), en su Topografía de la isla Afortunada Gran Canaria, cabeza del partido de toda la provincia comprensiva de las siete islas llamadas vulgarmente Afortunadas dice «… Tenían abundancia de miel de abejas silvestres, que en los riscos más eminentes y peligrosos melifican, y en los árboles más subidos dulcísima se criaba, y hasta hoy se cría en mucha cantidad...».

La apicultura en Canarias fue desde tiempos remotos una actividad tradicional con arraigo familiar, y es habitual ver en los campos las colmenas o los corchos situados en riscos, solapones y entradas de cuevas bastante inaccesibles. La mención de este topónimo es muy antigua, como se puede apreciar.



Bebedero para el ganado (Fedac)
Caideros de Cueva Corcho en el barranco del Andén
(El Coleccionistas de Instantes)
El topónimo ya aparece en los repartimientos del siglo XVI, utilizando expresiones que despejan dudas sobre el origen del topónimo, más aún al tratarse de privilegiados que se les suponía bien informados. Es el caso de la petición de tierras que realiza el regidor Zoilo Ramírez al Consejo General el 22 de marzo de 1544, donde dice:

«... sesenta fanegadas de tierras poco mas o menos que son a la madre del agua de Terore que lyndan de la una parte con tierras de Diego Yanez e de la otra parte el açequia del Valle Seco que va a la cueba de los Corchos el barranco arriba lyndando con el lomo e barranco de la Palma e cueva de los Corchos que son syn perjuizio de terçero e en ello reçibire merçed e no tienen otro monte salvo granadillar ...» (RONQUILLO, M. Y AZNAR VALLEJO, E.: Repartimientos de Gran Canaria, Las Palmas de GC, 1998).

Siglos después, en una venta de una propiedad eclesiástica procedente de una capellanía, el convento de la Concepción o San Bernardo vende la mitad de un cortijo denominado Crespo o Cueva Corcho en el pago de Valleseco, jurisdicción de Teror, que había pertenecido a Bartolomé Suárez, y cuya otra mitad, de doscientas cincuenta fanegas, había sido adquirida por el capitán Lorenzo Manrique Trujillo.


Alpendres (Fedac)
El medio cortijo se adjudicó a dicho convento por ejecución seguida «… contra los bienes de Bartolomé Suárez, vesino de Teror en Cueba de Corchos, por los réditos de quatro tributos...» y el 27 de octubre de 1701, el convento lo vende al capitán Manrique, propietario de la otra mitad, porque «… dicho medio cortijo de tierras no es de utilidad quedarse el monasterio con el, respecto que su terrasgo no es de pan sembrar y solo sirbe para vuelta de ganado...» sin llegar a rentar lo suficiente para pagar los réditos de los censos que tenía impuestos.


Cantonera (Fedac)
Igualmente, el Patronato fundado por el coronel Francisco Manrique Amoreto el 31 de marzo de 1748, cuyos poseedores eran Agustín del Castillo Bethencourt y su sucesor, Fernando del Castillo Westerling, declaraba, en su división por la Ley de Desvinculación el 23 de junio de 1876, la propiedad de un cortijo de tierras labradías de doscientas veinticuatro fanegas y «arrifes», y parte de monte arbolado y pastos de ganado, en el lugar denominado «Cueva de Corchos», con varias cuevas para vivienda de los colonos y doscientas cabezas de ganado lanar, finca que había aportado su fundador.


Localización (Espacios Naturales Gran Canaria)

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