martes, 1 de mayo de 2012

CARRETERÍA (MOYA)

Las primeras noticias ciertas que se tienen del lugar son del 30 de mayo de 1612, de cuando el regidor Gil de Quesada dotaba la Casa de la Carretería para la creación de un convento dominico en Moya, casa que había heredado de su padre Jerónimo Viñol quien la había comprado a Alonso de Mendoza. El convento, que debería estar dotado con dos frailes, no llegó a fundarse, por lo que la casa probablemente volvió a ser propiedad del regidor.

El Diccionario de la Real Academia Española cita una acepción de este vocablo de carretería: «Lugar donde antiguamente pernoctaban al aire libre las carretas de transporte, en los arrabales o afueras de una población».

Prescindimos de que estuviera en los arrabales de la población de Moya, aunque en la actualidad se cumpla tal condición, y nos detenemos en su ubicación en la proyección natural del Lomo de Don Julián, un lomo por el que se accede directamente a Doramas. Es el fácil acceso a la antigua Montaña de Doramas que hoy encontramos por la carretera de Fontanales (GC-160), una de las puertas de entrada al bosque, argumentarían suficientemente una página de la historia del acarreo de leña procedente de la montaña hacia la costa para su transporte por mar y para los ingenios azucareros.

Nos sugiere que tanto bajo las calles asfaltadas de hoy y de los tramos no asfaltados, en dirección a la Carretera de Fontanales, se encuentran antiguos caminos, conocidos como "a San Fernando", "de la Zarza Gorda", "de la Josefa", "de Doramas" y otros más, que nos trazan las huellas del trasiego de las carretas de las leñas para los ingenios azucareros y de los arrastres de los pesados troncos. Más de quince ingenios azucareros se instalaron en la zona norte de la isla, y todos se abastecían, para su funcionamiento, de la madera proveniente del Montaña de Doramas.

Tanta leña consumían aquellas tareas de cocción que para la elaboración de la caña de azúcar hacían falta grandes cantidades. Esta había de ser cortada y transportada desde la Montaña hasta el lugar de su elaboración. Cuando «un señor de ingenio» compraba la leña, tenía que pensar en el transporte. Entonces aparecía la figura del «almocrebe», dueño de varios animales de carga y jefe de los correspondientes arrieros. Las modalidades de los contratos de transporte de leña o de caña son diversas. Hay quien fija el precio de cada carga en una cierta cantidad de maravedíes. Otros piden un real de plata por bestia y día.

Fotografía de Nacho González
Varios contratos de las primeras décadas del siglo XVI hablan de transporte de leña para el consumo de los ingenios, de tala de árboles en la montaña de Doramas, de acarretos de madera para la construcción de edificios y transporte de madera a puntos costeros. 

Cuando el negocio de los ingenios decayó, la tala de árboles y su aprovechamiento respondieron a las exigencias de los nuevos asentamientos urbanos, en lo que se refiere a contar con materiales para la construcción de viviendas y de edificios públicos, muebles y utensilios de uso agrícola, carretas, etc. A ello se unió la pequeña construcción y reparación de embarcaciones.  El pinar también tuvo un intenso aprovechamiento: se talaba para obtener carbón (carboneo).

Existe una curiosa mención documental en el deslinde hecho en Doramas por el Corregidor Santa y Arizaen el siglo XVIII. Antonio del Pino, natural de Moya, tenía veinte celemines en el pago de Grieta y Caidero de Doramas, y una fanegada y nueve celemines en la Carretería, de las que resultó ser usurpador, así llamado el ocupante clandestino, teniendo como base la proximidad de sus propiedades a la Montaña. Es curiosa e importante la utilización del artículo determinado cuando se menciona Carretería, dándose a entender que es más un lugar de oficios que de asentamientos humanos, aun cuando esté probada la existencia de alguna hacienda aislada, como se ha visto al principio, así como su total «proximidad» a la Montaña de Doramas en aquel siglo.

Puente del barranco de Pajarito (Fedac)
Pero posiblemente, en los primeros tiempos de la Conquista, allá por los siglos XV y XVI, la estratégica situación del lugar, el actual barrio, junto a la entrada al bosque de Doramas y próximo al barranco de Pajarito, donde eran ajorrados los troncos y luego tumbados en la margen naciente del barranco; eran purgados durante un tiempo para luego ser puestos sobre el barranco cuando llevaba agua en esos pequeños meandros que construyeron para remansar las aguas e iniciar su transporte ayudado por los gancheros.

Aguas abajo, a partir de El Lance, será el barranco de Los Dragos y después del Pagador comportarían facilitarían el mayor negocio maderero, con transporte por las mansas aguas de este barranco, que pudo haber promovido el protegido y beneficiado Marquesado de Moya, con negocios similares en la España de los Reyes Católicos que tanto los favoreció con prebendas. Sería esta la única razón que justificara la probada vinculación del topónimo de la villa con este marquesado con negocios de exportación de la madera noble de viñatigos, palo blanco y barbuzano, que se mantenían en secreto para que no afectaran al buen nombre de la Corona por las envidias y quejas de otros nobles de cuna que se cuentan en las crónicas.

Localización (Espacios Naturales Gran Canaria)



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